El periodista independiente y director de la agencia de noticias Santa Clara Visión, Guillermo del Sol Pérez, se encuentra actualmente en una situación de extrema vulnerabilidad al mantener una huelga de hambre iniciada el pasado 13 de agosto. Esta acción, emprendida como un recurso desesperado para llamar la atención sobre la situación de los derechos humanos en la isla, pone en riesgo inminente la vida del comunicador, quien utiliza su propio cuerpo como herramienta de protesta ante lo que considera una situación injusta.
A diferencia de otras demandas, el sacrificio voluntario de Sol Pérez no busca un beneficio personal. El periodista exige la liberación de 18 prisioneros políticos y manifiesta su rechazo a la revocación de la libertad de Leonel Tristá. Tristá, quien participó en las masivas protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021, fue condenado a ocho años de prisión y ya había realizado previamente una huelga de hambre en la Tercera Unidad de la PNR de Santa Clara a finales de junio.
La situación de salud de Guillermo del Sol Pérez es particularmente crítica debido a factores preexistentes. El periodista, que supera los cincuenta años de edad, padece dos enfermedades crónicas: hipertensión y diabetes. Además, no es la primera vez que recurre a esta medida extrema; en 2019 realizó otra huelga de hambre que se prolongó por más de 40 días, periodo durante el cual fue expulsado del hospital Arnaldo Millian Castro en la ciudad de Santa Clara.
La gravedad de su estado actual ha sido comunicada por su hijo, Adrián, a través de la publicación 14ymedio. Según el testimonio del hijo del huelguista, Guillermo presenta dificultades para hablar y se muestra medio desorientado. Asimismo, sufre dolores en diversas articulaciones y en los riñones. Un dato alarmante reportado por Adrián es que su padre no ha podido orinar, una señal que indica que el "reloj biológico no perdona" y que la situación ha alcanzado un punto preocupante.
Este escenario evoca paralelismos dolorosos con la historia de las huelgas de hambre en Cuba. El primer fallecimiento registrado bajo esta modalidad fue el del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, quien murió el 25 de mayo de 1972 tras una agonía de 52 días. Boitel ya había realizado huelgas previas, lo que había deteriorado sus condiciones físicas antes de su última protesta.
La similitud entre los casos es estremecedora cuando se analizan los testimonios médicos y personales. Osvaldo Figueroa Vázquez, conocido como "Maqueca", quien fue compañero de presidio de Boitel y llevó un diario detallado de su huelga, describió síntomas idénticos a los que hoy presenta Sol Pérez. En aquel entonces, Figueroa registró que Boitel había dejado de orinar y que se enjuagaba la boca porque la botaba; dos días después de esos síntomas, Pedro Luis falleció.
El uso de la huelga de hambre en Cuba se ha convertido en una práctica recurrente para aquellos que carecen de otros medios para demandar respeto a su dignidad. Se estima que, en los últimos sesenta años, Cuba podría estar entre los tres primeros países con más huelguistas de hambre, a pesar de que el totalitarismo castrista parece mostrarse indiferente ante estas protestas y sus consecuencias.
En los 67 años de opresión del régimen, la tiranía castrista ha sido responsable de la muerte de al menos 14 prisioneros políticos. La huelga de hambre es descrita como una decisión sumamente peligrosa, una acción que se aproxima al suicidio con la particularidad de que el deceso suele convertirse en una larga y agotadora agonía. Incluso si las demandas son cumplidas, los sobrevivientes suelen quedar con secuelas graves que afectan permanentemente sus condiciones de vida.
A pesar de los riesgos, personas como Guillermo del Sol Pérez demuestran una entereza moral y un coraje significativo al asumir la posibilidad de una muerte inevitable en defensa de una causa. Su acción resalta la persistencia de ciudadanos que, siguiendo la premisa de José Martí sobre el decoro, deciden sacrificarse para exigir la libertad de otros y denunciar la opresión sistemática.






