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Sabina McMahon: La joven que transforma su lucha contra el cáncer en música y activismo

A Sabina McMahon le diagnosticaron osteosarcoma, un tipo de cáncer de hueso, cuando tenía 12 años. Tras quimioterapia, radioterapia y cirugía para extirpar el hueso de la pierna afectado, estuvo libre de cáncer durante más de un año, pero finalmente el cáncer se extendió a sus pulmones, la primera de cinco recaídas.

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Sabina McMahon: La joven que transforma su lucha contra el cáncer en música y activismo

A los 12 años, la vida de Sabina McMahon cambió drásticamente tras ser diagnosticada con osteosarcoma, un agresivo tipo de cáncer de hueso. Lo que comenzó como un proceso de tratamiento intensivo, que incluyó quimioterapia, radioterapia y una cirugía para extirpar el hueso afectado de su pierna, se convirtió en una batalla prolongada. Aunque inicialmente permaneció libre de la enfermedad durante más de un año, el cáncer se extendió posteriormente a sus pulmones, marcando la primera de cinco recaídas que han definido su adolescencia.

Actualmente, a sus 17 años, Sabina continúa su tratamiento en el Nationwide Children’s Hospital en Columbus, Ohio. Para garantizar que reciba la mejor atención médica, su familia, originaria de Portland, Oregón, ha tomado la decisión de mudarse a Ohio. El camino no ha sido sencillo; recientemente, la joven se inscribió en un ensayo clínico en Cleveland, pero tuvo que abandonarlo casi de inmediato para someterse a quimioterapia y así reducir la agresividad de los tumores en sus pulmones.

A pesar de la severidad de su condición, Sabina se niega a dejar que la enfermedad limite sus aspiraciones. Mientras se prepara para cursar su último año de secundaria, ha desarrollado una prometedora carrera como cantautora. La música ha sido su refugio y su herramienta de procesamiento emocional. Recientemente terminó su primer álbum, titulado "forget me not", y lanzó su sencillo debut, "Cinematic", el 13 de septiembre de 2025, exactamente cuatro años después de su diagnóstico inicial. Para Sabina, la música ha pasado de ser una ambición personal a una misión: inspirar a otros niños que, al igual que ella, enfrentan tratamientos de quimioterapia desde una cama de hospital.

Más allá de su arte, Sabina se ha convertido en una voz activa en la defensa de la investigación del cáncer infantil. A través de su historia, ha denunciado una realidad alarmante: la investigación en esta área recibe solo 4 centavos de cada dólar del presupuesto federal destinado a la investigación del cáncer, siendo a menudo ignorada por las compañías farmacéuticas.

El impacto de la enfermedad ha trascendido a Sabina, afectando profundamente la dinámica de su núcleo familiar. Sus padres y su hermano menor, Charlie, ahora de casi 14 años, han tenido que adaptar sus vidas a una "nueva normalidad" marcada por viajes constantes y separaciones geográficas. Para Charlie, el cáncer ha sido la constante de su crecimiento; recuerda que durante el periodo de Covid, las restricciones hospitalarias le impedían incluso entrar en la habitación de su hermana, viéndola solo cada dos semanas.

Desde la perspectiva materna, la lucha ha sido un ejercicio de resistencia emocional. El relato familiar describe momentos de profunda vulnerabilidad, donde el coche se convierte en el único espacio seguro para expresar la ira y el miedo ante la injusticia de la enfermedad. Sin embargo, este dolor ha coexistido con una transformación en la perspectiva de vida. Bajo la filosofía de "YOLO" (solo se vive una vez), la familia ha priorizado experiencias significativas, realizando viajes a Nueva York, Hawái y Chicago, valorando los momentos sencillos y las conversaciones profundas que surgen en la adversidad.

Sabina reflexiona sobre su proceso mencionando la "quimioencefalopatía" y el trastorno de estrés postraumático médico (TEPT-M) como razones de sus lagunas de memoria sobre los tratamientos más duros. No obstante, atesora recuerdos como el sonido de la campana al finalizar un ciclo de tratamiento o la emoción de escuchar sus primeras grabaciones profesionales.

Al mirar atrás, Sabina visualiza un encuentro con su versión de 12 años. En lugar de enfocarse solo en el dolor, le hablaría sobre los logros alcanzados, las amistades que permanecieron, su papel principal en el musical de la secundaria y la fuerza que descubriría al no tener otra opción más que ser fuerte. Su historia es un testimonio de resiliencia que busca convertir el sufrimiento en fortaleza, manteniendo la esperanza de que, a pesar de las recaídas y el dolor, podrán estar bien.

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