El humorista y actor cubano Ulises Toirac ha generado un intenso debate en las redes sociales tras publicar una reflexión en Facebook donde analiza la naturaleza del poder y el sostenimiento de los privilegios en Cuba. Según Toirac, el sistema se ha consolidado a través de "sesenta y tantos años de secretos, decisiones sin consulta, presupuestos inauditables y los privilegios que todo ello conllevan", afirmando que tales estructuras no se abandonan con facilidad.
La publicación ha provocado una respuesta masiva de cibernautas, quienes coinciden en que la élite gobernante se aferra a prerrogativas acumuladas durante más de seis décadas. Toirac, quien se identifica como un humorista con opinión política, ha utilizado sus perfiles digitales como una plataforma de crítica constante hacia la dirigencia del régimen, intensificando sus pronunciamientos a lo largo del año 2026.
Entre sus críticas más recientes destaca un reto lanzado el pasado 17 de julio, en el cual instó a los dirigentes cubanos a experimentar la realidad cotidiana del pueblo. El actor propuso que los funcionarios se muden a barrios empobrecidos, renuncien al uso de vehículos oficiales para trasladarse en riquimbili y prescindan de los circuitos priorizados de suministro de agua, electricidad y alimentos que actualmente disfrutan.
Asimismo, en el mes de junio, Toirac cuestionó la estructura organizativa del país, denunciando la existencia de dos gobiernos paralelos: el del Estado y el del Partido Comunista de Cuba (PCC). En este sentido, exigió la prohibición de que militares y cuadros del PCC ocupen cargos en empresas estatales, señalando además que el caudillismo representa una de las secuelas más graves del sistema actual.
Esta crítica se produce en un contexto de contradicciones normativas. En enero de 2024, el régimen aprobó un Código de Ética de los Cuadros de la Revolución Cubana, firmado formalmente el 24 de febrero, el cual obliga a los dirigentes a rechazar el acomodamiento y los privilegios. Incluso el presidente Miguel Díaz-Canel solicitó el 30 de julio una "conducta ética elevada" para los funcionarios, declaraciones que contrastan con las denuncias públicas sobre la opulencia de la cúpula.
Un punto central de la falta de transparencia es la operatividad de GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas. Esta entidad no publica estados financieros consolidados ni auditorías externas accesibles al público, y se encuentra fuera del régimen ordinario de fiscalización de la Contraloría General. En mayo de 2026, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que GAESA acumula activos por aproximadamente 18.000 millones de dólares, con ingresos que triplican el presupuesto del Gobierno cubano, basándose en documentos financieros internos obtenidos por el Miami Herald.
El marco legal refuerza este hermetismo. La Ley 158/2022 de la Contraloría cubana establece un tratamiento excepcional para el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) y el Ministerio del Interior (MININT), instituciones que se rigen primordialmente por sus propias normas internas de prevención y control, debiendo informar sus resultados únicamente al presidente de la República una vez al año.
Esta brecha socioeconómica fue subrayada en marzo de 2026 por la ONG Food Monitor Program, que denunció la existencia de una "doble Cuba": una marcada por el hambre y las carencias para la población general, y otra caracterizada por el acceso a recursos y privilegios para los cuadros políticos y funcionarios.
La reacción del público en las redes sociales reflejó un consenso amplio. Algunos usuarios recurrieron a una cita de José Martí para describir la situación: «Todo poder amplia y prolongadamente ejercido degenera en casta. Con la casta, vienen los intereses, las altas posiciones, los miedos de perderlas, las intrigas para sostenerlas». Otros comentarios fueron más directos, señalando que las riquezas acumuladas durante casi 70 años se defienden "con uñas y dientes" y que tales posiciones solo se dejan por "fuerza mayor".
Ulises Toirac, nacido en La Habana en 1963 y reconocido por su participación en programas como Sabadazo y ¿Jura decir la verdad?, continúa residiendo en Cuba a pesar de la intensidad y frecuencia de sus críticas hacia el sistema.





