El politólogo y profesor emérito de la Universidad de Western, Andrés Pérez Baltodano, ha planteado la necesidad imperativa de llevar a cabo una "refundación" del Estado en Nicaragua. Según el autor, este proceso no implica simplemente un cambio de personas en el gobierno, sino una revisión crítica y profunda de la estructura institucional del país para romper el círculo vicioso de corrupción y violencia estatal que ha marcado su trayectoria.
Basándose en la definición de la Real Academia Española, Pérez Baltodano define "refundar" como la acción de revisar la marcha de una entidad o institución para hacerla volver a sus principios originales o adaptarlos a los nuevos tiempos. En el caso nicaragüense, el objetivo sería recuperar la aspiración de un Estado moderno: uno que sea impersonal, laico, soberano y capaz de ejercer el monopolio del uso de la fuerza en su territorio. El autor utiliza la metáfora del "burro de doña Catalina", citando a Sergio Ramírez, para describir cómo la sociedad nicaragüense a menudo cree haber alcanzado la libertad, solo para ser atada nuevamente a las mismas estructuras de poder.
El análisis sostiene que el problema raíz se encuentra en la génesis del Estado nicaragüense en 1838. En aquel momento, se adoptaron acríticamente modelos inspirados en la Ilustración, la Revolución Francesa y el proceso independentista de Estados Unidos. Pérez Baltodano argumenta que esta adopción descontextualizada ignoró las particularidades de la historia latinoamericana, especialmente el impacto de la conquista y la colonia. Citando al historiador Sofonías Salvatierra, señala que el país asumió una "actitud subalterna" al copiar productos de la evolución europea sin comprender los procesos que los generaron.
Esta desconexión dio lugar a lo que el autor describe como la brecha entre el "país real" y el "país legal". Mientras que el país legal se refleja en constituciones que proclaman derechos fundamentales, el país real está definido por el racismo, profundas desigualdades sociales y la superstición. A diferencia de otros Estados coloniales más cohesionados, como el de México, Nicaragua emergió como un "Estado de papel", extremadamente débil, dependiente de poderes externos y distante de su propia población, incluyendo a los pueblos indígenas.
Uno de los puntos centrales del análisis es la crítica a la supuesta soberanía del Estado nicaragüense. Pérez Baltodano afirma que es una mentira, repetida incluso en el artículo 1 de la Constitución vigente, sostener que Nicaragua ha sido un Estado soberano desde 1838. Define la soberanía como la capacidad de un Estado para articular y reproducir el orden social en su territorio sin interferencias externas, condición que, a su juicio, Nicaragua no ha alcanzado.
Para sustentar esta tesis, el autor enumera una serie de acontecimientos históricos condicionados por variables foráneas, tales como las luchas internas que llevaron a la presidencia de William Walker, la caída de Zelaya, el periodo del somocismo, la Revolución Sandinista y la posterior transición democrática. Esta "hiperdependencia" ha permitido que los gobiernos actúen en contra de la voluntad popular siempre que cuenten con el respaldo de fuerzas externas, siendo la relación actual de la administración de Ortega-Murillo con China el ejemplo más reciente de esta tendencia.
Finalmente, el autor reflexiona sobre la relación entre soberanía y democracia, advirtiendo que no puede existir democracia sin soberanía. Si bien reconoce que existen obligaciones morales para la intervención internacional en casos extremos, como sucedió en Kosovo o lo que ocurre actualmente en Gaza, critica duramente a los sectores de la oposición que solicitan la intervención de Estados Unidos. Pérez Baltodano señala que pedir que Washington provoque el hambre de la población pobre o que una administración extranjera invada militarmente el país solo refuerza la cultura entreguista y aleja a Nicaragua de la posibilidad de construir una verdadera democracia soberana.





