La exministra Camila Vallejo ha manifestado un fuerte rechazo hacia la propuesta de reforma en materia de seguridad impulsada por Kast, calificando la iniciativa con términos contundentes y alertando sobre las posibles implicancias que este proyecto tendría para la estructura democrática y las libertades individuales en el país.
En una declaración marcada por la severidad, la exministra utilizó la expresión popular “pasaron gato por liebre” para describir su percepción sobre la naturaleza de la reforma. Con esta metáfora, Vallejo sugiere que existe una discrepancia fundamental entre lo que se presenta públicamente como una solución de seguridad y el contenido real o los objetivos subyacentes de la propuesta. Para la exministra, la iniciativa no cumple con las expectativas o promesas iniciales, sugiriendo un engaño en la construcción del proyecto legislativo.
El núcleo de la crítica de Vallejo se centra en el riesgo de instaurar lo que ella define como un “régimen autoritario”. Según el análisis de la exministra, la reforma de seguridad de Kast no busca únicamente optimizar la protección ciudadana, sino que pretende modificar la distribución del poder político. Vallejo sostiene que el diseño de esta propuesta apunta a que el Presidente de la República concentre una mayor cantidad de facultades y poder.
Esta advertencia sobre la concentración de poder es el eje central del cuestionamiento. La exministra plantea que el fortalecimiento excesivo de la figura presidencial, a través de esta reforma de seguridad, podría debilitar los contrapesos institucionales. Para Vallejo, el peligro radica en que la búsqueda de seguridad se convierta en un vehículo para otorgar al Ejecutivo capacidades que exceden los límites democráticos habituales, transformando la gestión de la seguridad en una herramienta de control político.
Asimismo, Camila Vallejo enfatizó que este incremento en el poder presidencial no sería inocuo, sino que ocurriría “a costa de la libertad de los ciudadanos”. Esta parte de su declaración pone de relieve una tensión clásica en la ciencia política: el equilibrio entre la seguridad pública y las garantías individuales. La exministra argumenta que la reforma de Kast sacrifica derechos fundamentales y libertades civiles en favor de un modelo de gobernanza más centralizado y restrictivo.
La contundencia de las palabras de Vallejo refleja una postura de oposición absoluta a la arquitectura de la reforma planteada. Al señalar que se pretende un régimen autoritario, la exministra posiciona la discusión no solo en el ámbito técnico de la seguridad ciudadana, sino en un plano ideológico y constitucional. La crítica implica que la reforma no es un simple ajuste administrativo o policial, sino un cambio en la filosofía de gobierno que podría comprometer la autonomía de las personas.
El uso de términos como “ataque duro” y la denuncia de un engaño mediante la frase “gato por liebre” subrayan la gravedad de la percepción de la exministra sobre la propuesta de Kast. Para Vallejo, la reforma de seguridad representa una amenaza directa a la libertad ciudadana, proponiendo un esquema donde el poder se aglutina en la cima de la estructura estatal, reduciendo el espacio de las libertades individuales en aras de un control presidencial ampliado.
En resumen, la exministra Camila Vallejo ha colocado el debate de la reforma de seguridad de Kast bajo una luz crítica, alertando que el costo de dicha propuesta sería la transición hacia un modelo autoritario donde la concentración de poder en el Presidente prevalecería sobre el respeto a las libertades fundamentales de la población.





