En un contexto marcado por una creciente tensión financiera tanto a nivel local como internacional, el Gobierno nacional ha centrado sus esfuerzos en una variable crítica para la estabilidad económica: la contención del tipo de cambio. Esta situación se desarrolla mientras el riesgo país ha vuelto a situarse por encima de los 500 puntos básicos y la actividad económica demanda una reactivación, según ha señalado el ministro de Economía, Luis Caputo.
Actualmente, el dólar mayorista cotiza a $1495, reflejando un salto ocurrido en junio, pero acumulando una subida de apenas el 2,6% en lo que va del año, con un incremento del 0,7% durante el mes de agosto. Para el Ministerio de Economía y el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los $1500 representan una barrera psicológica y técnica fundamental. El mantenimiento de la cotización por debajo de este límite es el eje de una serie de decisiones y acciones coordinadas, ya que cualquier movimiento brusco en el mercado cambiario impactaría directamente sobre otras variables sensibles, como los ingresos y la inflación.
Fernando Baer, economista jefe de la consultora Quantum Finanzas, explica que las autoridades están desplegando una estrategia combinada cuyo objetivo es modificar las expectativas del mercado sobre una posible devaluación adicional. Según el analista, el Gobierno permitió que el dólar fluctuara en mayo y julio, periodos en los que se registró un salto nominal cercano al 8%, pero desde mediados de julio se ha mantenido una estabilidad en torno a los $1500.
Sin embargo, esta política de contención ha generado efectos secundarios en el mercado financiero. A medida que se consolidan las presiones sobre el tipo de cambio, los inversores comienzan a demandar un "premio" más elevado por mantener sus activos en pesos. A pesar de que existen proyecciones que indican una inflación a la baja, se ha observado un incremento en las tasas de interés en pesos. Un ejemplo claro es la tasa Tamar de referencia entre bancos, que había caído por debajo del 22% anual a comienzos de julio y ahora supera el 24% nominal anual. Asimismo, la tasa de caución a un día ha mostrado mayor volatilidad, cerrando recientemente por encima del 28%.
Gabriel Caamaño, titular de Outlier, señala que cuando las presiones sobre el dólar no se desactivan, sino que se reprimen para sostener la cotización debajo de los $1500, el inversor incorpora el riesgo de estar en pesos y exige un rendimiento más alto. Esta dinámica se refleja en que el mercado prevé un camino de suba para el cierre del año. De hecho, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el BCRA muestra un consenso que estima un tipo de cambio de $1652 para diciembre, lo que representaría una suba de aproximadamente el 9%.
Caamaño advierte que poner un techo al tipo de cambio suele derivar en un aumento de las tasas de interés a mediano plazo, ya que se incorpora el premio por operar en una moneda cuyo valor está siendo contenido artificialmente. Esta situación no solo choca con las expectativas de deslizamiento cambiario para fin de año, sino que también impacta negativamente en el costo del crédito, dificultando las posibilidades de reactivación económica.
Para blindar a los inversores ante eventuales saltos cambiarios, el Gobierno ha recurrido a herramientas financieras como los bonos ajustables por el tipo de cambio. Desde fines de mayo, el stock de estos instrumentos —que incluye bonos dólar-link y bonos duales— se ha cuadruplicado, pasando de US$3200 millones a más de US$12.000 millones a mediados de agosto. Los bonos duales, específicamente, ofrecen al tenedor el mayor rendimiento entre la tasa variable en pesos o la variación del dólar.
Desde Quantum Finanzas informaron que también aumentó el interés abierto en el mercado de dólar futuro, ascendiendo de US$2790 millones en mayo a US$4526 millones en julio. En este escenario, tanto el Tesoro como el BCRA han mantenido una actividad constante de intervención. En el mercado secundario, el promedio diario de operaciones de bonos ajustables al tipo de cambio subió de US$261 millones en abril a US$532 millones en julio.
Por otro lado, el ritmo de compra de reservas del BCRA ha disminuido tras el pico estacional de la primera mitad del año, vinculado a la liquidación de la cosecha gruesa. A fines de julio se interrumpió una racha de 135 ruedas consecutivas con saldo positivo que había iniciado en enero. Mientras que en julio el saldo comprador mensual fue de US$2163 millones, en lo que va de agosto la cifra acumulada es de US$339,5 millones.
La caída es evidente en los promedios diarios: los máximos de US$138 millones de abril y US$137 millones de mayo, impulsados por el agro y la suba del precio internacional del petróleo por el conflicto en Irán, han sido reemplazados por un promedio de US$31 millones diarios en agosto.
Finalmente, se registró una intervención puntual el 28 de julio, donde el Tesoro realizó una venta de divisas no informada oficialmente, pero visible en las estadísticas del BCRA. Ese día, los depósitos del Tesoro en la entidad cayeron US$146 millones, mientras que sus depósitos en pesos crecieron en $218.143 millones. Esta operación coincidió con la fecha de establecimiento del tipo de cambio para el vencimiento del bono dólar link (D31L6), lo que llevó al mercado a interpretar la medida como un esfuerzo por limitar el costo del vencimiento para el Tesoro y contener la cotización.






