Kevin Casas Zamora, secretario general de IDEA Internacional, ha puesto sobre la mesa una serie de reflexiones críticas acerca del impacto de la inteligencia artificial (IA) en la integridad electoral y, más ampliamente, en el futuro de la democracia. Estas consideraciones surgen tras su participación en un encuentro con autoridades de América Latina, evento organizado por IDEA Internacional y la Junta Central Electoral de la República Dominicana.
Casas Zamora sostiene que, si bien existen urgencias inmediatas y diversas amenazas que acechan a la democracia en Costa Rica, es imperativo analizar cómo preparar a la sociedad frente a los cambios globales impulsados por la tecnología. Para el secretario general, la supervivencia de la democracia en la era de la IA requiere plantear preguntas que trasciendan lo electoral para abordar dimensiones éticas y políticas fundamentales, advirtiendo que no percibe que esta discusión seria esté ocurriendo actualmente en ningún país.
Uno de los puntos centrales de su análisis es la extrema concentración de riqueza y poder que está generando la revolución digital. Según Casas Zamora, un grupo reducido de empresas y empresarios está adquiriendo una posición inexpugnable en la industria del futuro, lo que les permite extraer rentas inimaginables y controlar el flujo de información global. El experto describe esto como un poder sin precedentes en manos privadas que, al no estar sometido a controles democráticos o sociales, podría terminar sometiendo incluso a los Estados más poderosos, chocando directamente con la esencia de la democracia, que se fundamenta en la difusión del poder.
En segundo lugar, el secretario general advierte sobre las consecuencias sociales derivadas de la automatización. La desaparición de industrias completas y la pérdida de cientos de millones de empleos podrían generar una agresiva reacción social. Casas Zamora señala que ya existen indicios de esta incertidumbre en Estados Unidos, donde se han registrado abucheos a líderes de la industria digital y bloqueos a centros de datos. La historia sugiere que esta ansiedad social puede alimentar la inestabilidad política y hacer atractivos los discursos autoritarios que prometen restaurar el orden, los cuales suelen ser letales para los sistemas democráticos. Ante esto, propone el diseño de instrumentos como el ingreso mínimo universal para mitigar el desplazamiento económico de grandes sectores de la población.
La situación de la prensa independiente constituye la tercera preocupación. Casas Zamora explica que internet ya había provocado una ola de extinción de medios tradicionales, especialmente locales. Ahora, el surgimiento de modelos de búsqueda de información que omiten las fuentes periodísticas podría ser devastador. Existe el riesgo de transitar hacia un "periodismo sintético" basado en algoritmos incomprensibles que recicla noticias sin la capacidad ni el interés de someter al poder político al escrutinio, función que es exclusiva del periodismo verdadero.
Finalmente, el experto analiza los sesgos en los grandes modelos de lenguaje. A través de un ejemplo personal con la herramienta Claude, observó que, al solicitar frases sobre la democracia, la gran mayoría provenían de autores hombres y estadounidenses. Esto evidencia que la IA refleja los sesgos de la información que la alimenta, exaltando las visiones de Silicon Valley y Beijing mientras excluye otras voces. Casas Zamora enfatiza que una tecnología que excluye la diversidad de voces no puede considerarse democrática y demanda transparencia algorítmica.
A pesar de los riesgos, el secretario general de IDEA Internacional reconoce el potencial de la IA para mejorar el bienestar humano. No obstante, advierte que el peligro real es avanzar hacia un mundo más próspero pero menos igualitario y menos libre. Recordando que la dignidad humana requiere no solo bienestar material, sino también libertad de pensamiento y capacidad de agencia, insta a abandonar el fatalismo.
Para enfrentar estos retos, propone una acción colectiva a escala nacional e internacional. A nivel interno, sugiere un ejercicio deliberativo con actores políticos, sociales y académicos que derive en reformas educativas, regulatorias y en los derechos sociales. A nivel global, aboga por un esfuerzo diplomático para formar alianzas que permitan someter la inteligencia artificial al control democrático, buscando amalgamar el avance tecnológico con la estructura política de la democracia para proteger la libertad de las generaciones venideras.





