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Robots Humanoides en Pekín: El salto de las pistas deportivas a las tareas laborales

Correr o jugar al fútbol ya no basta: Juegos Mundiales de Robots Humanoides de Pekín quieren que máquinas muestren que pueden trabajar.

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Robots Humanoides en Pekín: El salto de las pistas deportivas a las tareas laborales

La ciudad de Pekín se ha convertido nuevamente en el centro de atención de la robótica global con la celebración de la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides. En esta ocasión, la competición ha dado un giro estratégico en sus objetivos: ya no basta con que las máquinas sean capaces de correr, saltar o jugar al fútbol. La meta actual es demostrar que los humanoides poseen las capacidades necesarias para integrarse en el mundo del trabajo y realizar tareas útiles.

Para materializar esta ambición, la organización del evento ha implementado un cambio significativo en la estructura de las pruebas. Este año, los escenarios inspirados en tareas reales se han ampliado de seis a veinte, buscando trasladar fuera de las pistas deportivas algunas de las capacidades que los robots desarrollan durante la competición. El objetivo es claro: que el entrenamiento en entornos competitivos sirva como base para aplicaciones prácticas en la vida cotidiana y profesional.

En términos de escala, la magnitud del evento ha crecido considerablemente. La participación ha pasado de 280 equipos y unos 500 robots en 2025 a 666 equipos y 2.056 máquinas en la edición actual. Este incremento se refleja también en la intensidad de la competición, donde el número de encuentros y pruebas ha aumentado de 487 a 1.301. De las 51 pruebas programadas para este año, 30 mantienen un carácter competitivo, mientras que 21 están diseñadas específicamente para recrear situaciones de la vida real. Estas últimas se distribuyen en los veinte escenarios mencionados, que incluyen entornos como fábricas, centros logísticos, supermercados, hoteles, operaciones de rescate y espacios domésticos.

A pesar de la denominación de "Mundiales", la participación sigue estando concentrada en territorio local. La organización ha cifrado que existen cerca de 30 equipos extranjeros provenientes de 16 países, lo que representa una pequeña fracción del total de participantes, evidenciando el predominio chino en este sector.

El desarrollo de estas máquinas muestra dos caras muy distintas. Por un lado, existen avances destacados en la autonomía y la toma de decisiones. Un ejemplo notable es el robot que entrena en Pekín para jugar al tenis de mesa. Según explica Ping Luo, profesor de la Universidad de Hong Kong (HKU), este humanoide es completamente autónomo y no requiere que nadie maneje sus movimientos. El sistema fue desarrollado durante seis meses a partir de más de cien horas de datos recopilados de jugadores de alto nivel, cuyos movimientos fueron transferidos a la máquina.

Durante las demostraciones, este robot ha sido capaz de adaptar su respuesta según el rival: devuelve los golpes lentamente si son suaves y acelera la respuesta ante golpes más rápidos. Curiosamente, el sistema funciona con mayor fluidez frente a jugadores experimentados que ante principiantes. El profesor Luo subraya que este desempeño no es solo una cuestión de reacción, sino que implica razonamiento y toma de decisiones de alto nivel. La aspiración final es que este dominio de la complejidad facilite el entrenamiento de humanoides para tareas de manipulación en el hogar y escenarios industriales.

Sin embargo, el camino hacia la utilidad laboral todavía enfrenta obstáculos elementales. Mientras algunos robots destacan en el tenis de mesa, otros encuentran dificultades en tareas básicas. Durante los entrenamientos de fútbol, se ha observado que algunos humanoides pierden la orientación, caen al disputar el balón o requieren tiempo excesivo para reincorporarse al juego.

Wu Junyi, un estudiante de secundaria y miembro de uno de los equipos, reconoció que su robot tuvo problemas incluso para localizar la pelota, lo que obligó al equipo a revisar el módulo de visión para corregir el fallo. En esta misma línea, Zhang Zhiyuan, capitán de un equipo de la Universidad de Agricultura de China, señaló que siguen optimizando el control de movimiento y el reconocimiento del entorno para que las máquinas respondan mejor ante situaciones imprevistas.

Esta capacidad de percepción es fundamental. Antes de que un robot pueda desenvolverse con soltura en una fábrica o en un hogar, debe ser capaz de entender qué tiene delante y decidir la acción correcta. Aunque todavía queda camino por recorrer para alcanzar esa fluidez en el ámbito laboral, en el césped algunos robots ya muestran jugadas que resultan sospechosamente familiares, sugiriendo un análisis avanzado de los archivos del fútbol.

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