En la ciudad de Holguín, la memoria colectiva y el reconocimiento profesional se fusionaron en un acto cargado de emotividad. La Sala Patria, un espacio ubicado dentro del histórico Museo Provincial La Periquera, se convirtió en el escenario de un reencuentro significativo organizado por la Asociación de Pedagogos de Cuba. El objetivo central de la jornada fue rendir un tributo formal y afectuoso a aquellos hombres y mujeres que, durante las primeras décadas del proceso revolucionario, asumieron la misión de llevar la educación a los sectores más aislados del país.
El evento se desarrolló en un entorno imbuido de un profundo simbolismo, específicamente en un espacio dedicado al pensamiento del líder histórico Fidel Castro Ruz. Esta ceremonia no fue un hecho aislado, sino que se insertó en el marco de las actividades que ya se vienen realizando para tributar al centenario de su natalicio. En este contexto, la Sala Patria acogió a una generación de educadores cuyos rostros, aunque marcados por el paso del tiempo, reflejaban la satisfacción de haber sido protagonistas de una de las epopeyas humanas más profundas de la nación.
Durante el encuentro, se evocó la labor de los alfabetizadores y maestros de los años 60, quienes con una determinación inquebrantable trasladaron el conocimiento a los rincones más intrincados de la geografía cubana. Los asistentes recordaron con nostalgia y orgullo la época en la que la cartilla y el farol eran las herramientas fundamentales para combatir la oscuridad de la ignorancia en los campos, donde el acceso a la enseñanza era, hasta entonces, un anhelo distante.
Un punto destacado de la jornada fue el reconocimiento al valor insurgente de los maestros voluntarios. El acto trajo al presente la memoria de aquellos jóvenes que, movidos por una vocación de servicio, marcharon hacia zonas geográficamente complejas como la Sierra Maestra y el Escambray. En aquel entonces, la implantación de la enseñanza rural representaba un sueño remoto que requirió de un esfuerzo extraordinario y un compromiso personal absoluto para convertirse en una realidad tangible para las comunidades campesinas.
Asimismo, la ceremonia rindió un homenaje entrañable a los integrantes de las brigadas Conrado Benítez. Se recordó la gesta de 1961, año en que muchachos y muchachas se movilizaron en todo el territorio nacional para derrotar el analfabetismo, marcando un punto de inflexión en la historia educativa de Cuba. A este esfuerzo se sumó la mención especial a los maestros makarenkos, profesionales formados bajo los principios del pedagogo soviético Antón Makárenko. Estos educadores implementaron un modelo pedagógico en la enseñanza primaria que buscaba articular la disciplina consciente, el trabajo y la integración comunitaria como pilares del desarrollo infantil.
El ambiente en el Museo La Periquera estuvo marcado por abrazos y el intercambio de vivencias, reconociendo que cada trayectoria profesional estuvo puesta al servicio de las aulas y de la transformación social del país. Los homenajeados, quienes en su momento convirtieron la enseñanza en una verdadera trinchera del deber, fueron testigos del compromiso asumido por las nuevas generaciones de educadores.
Los maestros actuales expresaron su firme voluntad de salvaguardar, dentro de la modernidad del aula contemporánea, los mismos valores de ética, entrega y vocación de servicio que caracterizaron a sus predecesores. El evento concluyó reafirmando que, aunque las herramientas pedagógicas hayan evolucionado, la esencia del maestro como agente de cambio permanece intacta, manteniendo viva la llama del conocimiento que aquellos pioneros encendieron décadas atrás con la firmeza de la tiza sobre la pizarra.





