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Corazón y Cerebro: El vínculo clave para prevenir la demencia y el deterioro cognitivo

Bryan Woodruff, neurólogo cognitivo de la Clínica Mayo, explica por qué la salud cardiovascular influye en el cerebro y qué hábitos pueden ayudar a preservar sus funciones.

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Corazón y Cerebro: El vínculo clave para prevenir la demencia y el deterioro cognitivo

La evidencia científica ha consolidado una premisa fundamental para la salud humana: existe una conexión íntima y directa entre el estado del corazón y el funcionamiento del cerebro. Esta relación se basa en una dependencia fisiológica simple pero crítica, ya que el cerebro se alimenta a través de los vasos sanguíneos más importantes del organismo, y es el corazón el motor encargado de bombear la sangre necesaria para que este órgano vital reciba oxígeno y nutrientes.

En este contexto, la aterosclerosis —definida como la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias— se presenta como un factor determinante. Esta condición, sumada a patologías asociadas como la hipertensión, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo y el sedentarismo, complica el flujo sanguíneo. Es frecuente que estas afecciones coexistan con la demencia en personas de edad avanzada, siendo el envejecimiento un factor de riesgo común para ambas. Por esta razón, es altamente probable que un paciente de 70 u 80 años diagnosticado con Alzheimer presente, simultáneamente, alguna patología cardiovascular.

El neurólogo cognitivo Bryan Woodruff, de la Clínica Mayo en Arizona, Estados Unidos, profundiza en esta relación en un artículo de divulgación. Woodruff explica que, si bien se sabe que la enfermedad de Alzheimer está causada en parte por la acumulación de proteínas tau anómalas y placas de beta amiloide, existen otros cambios cerebrales involucrados. Al examinar los cerebros de personas fallecidas por Alzheimer, los científicos hallan frecuentemente una acumulación de grasas y colesterol en los vasos sanguíneos cerebrales, además de evidencias de microinfartos cerebrales o accidentes cerebrovasculares (ACV) microscópicos.

A diferencia de los ACV mayores, que presentan síntomas evidentes como dificultades para hablar, entumecimiento corporal, dolor de cabeza intenso o caída de una parte del rostro, los microinfartos son silenciosos. No obstante, su impacto es acumulativo: a medida que se producen estos episodios, el tejido cerebral queda privado de oxígeno y nutrientes, lo que puede ralentizar la velocidad del pensamiento y generar serias dificultades de concentración.

Ante este escenario, Woodruff sostiene que aquello que beneficia al corazón también protege al cerebro. Para obtener este doble beneficio, el especialista recomienda pautas clave de estilo de vida. En primer lugar, es imperativo tratar los niveles elevados de glucosa en sangre, el colesterol y la hipertensión arterial, además de eliminar el consumo de tabaco y mantener un peso saludable. Según el neurólogo, cuanto antes se aborden estos factores, mayor será el beneficio cognitivo.

La alimentación juega un rol protagónico, destacando la dieta mediterránea. El alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva virgen extra favorece la salud cerebral al ayudar a controlar la inflamación crónica y la grasa corporal. Por otro lado, el descanso es fundamental; se aconseja dormir entre 7 y 9 horas por noche, priorizando tanto la cantidad como la calidad del sueño, ya que el insomnio se ha relacionado con el deterioro cognitivo y el aumento del riesgo de diabetes e hipertensión.

La salud mental y social también es determinante. La interacción social desencadena la liberación de dopamina y serotonina, sustancias que mejoran el ánimo y favorecen la creación de nuevas conexiones entre las células nerviosas. En este punto, el neurólogo resalta la importancia de las funciones sensoriales: si una persona no puede ver u oír adecuadamente, se le dificulta comunicarse y mantener una vida social activa, lo que impide codificar y recordar la información del entorno.

Asimismo, es necesario revisar la medicación habitual. Algunos fármacos para el dolor o el insomnio pueden ralentizar el tiempo de reacción y dificultar el pensamiento, por lo que se sugiere consultar con un médico para evaluar alternativas. Finalmente, el ejercicio físico y la actividad mental son pilares preventivos. Estudios indican que el deterioro cognitivo es dos veces más frecuente en personas sedentarias. Aprender nuevas habilidades crea una "reserva cognitiva", similar a los ahorros en una cuenta bancaria, que aunque no hace inmune a la persona, proporciona un margen de protección frente a problemas neurodegenerativos.

Esta visión integral ha sido respaldada por una revisión de casi 500 estudios publicada en JAHA, la revista de la Asociación Americana del Corazón (AHA). La investigación concluyó que los adultos con buenos indicadores de salud cardíaca presentan un estado general de salud superior, lo que se traduce en un menor riesgo no solo de demencia, sino también de cáncer, depresión, pérdida de audición y enfermedades oculares.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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