El Gobierno de Cuba ha lanzado una serie de fuertes denuncias contra la política exterior de los Estados Unidos, calificando la presión ejercida sobre la isla como "indignante" y asegurando que las acciones de Washington responden a motivaciones netamente políticas con el objetivo final de establecer un control de dominación sobre el país caribeño. Estas declaraciones fueron emitidas en el marco de la jornada inaugural del Primer Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, un evento que reúne a cerca de 500 delegados internacionales en el Palacio de Convenciones de La Habana.
La viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal, fue una de las voces más críticas durante el encuentro. Vidal señaló que el gobierno estadounidense mantiene una postura contradictoria, pues mientras niega la existencia de un bloqueo y de un cerco energético, sus acciones demuestran lo contrario. La funcionaria hizo referencia directa a las declaraciones emitidas la semana pasada por el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quien había advertido que Washington bloquearía cualquier nuevo mecanismo que Cuba intentara implementar para evadir el cerco económico. Ante esto, Vidal afirmó que los Estados Unidos han reconocido abiertamente que los paquetes de medidas restrictivas continuarán y que el asedio no se detendrá.
En sus declaraciones a la agencia EFE, la viceministra denunció que la Administración del presidente Donald Trump ha llegado a un punto en el que ya no puede ocultar ni mentir sobre lo que ella define como un "castigo colectivo" impuesto al pueblo cubano. Según Vidal, este castigo no tiene justificaciones técnicas o legales, sino que se basa en propósitos de dominación política. La viceministra fue tajante al afirmar que el objetivo último de Washington es "aniquilar este país, apagarlo, secarlo", buscando impedir la entrada de suministros básicos esenciales, incluyendo medicamentos y alimentos destinados a la población.
Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reforzó estas declaraciones al inaugurar el coloquio, el cual se extenderá hasta el próximo 13 de agosto, fecha en la que se conmemoran los 100 años del natalicio de Fidel Castro. Díaz-Canel reiteró que el bloqueo económico no debe entenderse únicamente como una medida de carácter financiero o comercial, sino como una cuestión sumamente política. Para el mandatario cubano, el cerco representa un "castigo político" contra una nación que tomó la decisión de ser libre, reafirmando que Cuba continúa siendo uno de los principales objetivos de las estrategias imperiales.
Díaz-Canel vinculó el incremento de la presión económica con la efeméride del centenario de Fidel Castro, sugiriendo que no es una coincidencia que el cerco se haya arreciado precisamente en este periodo. Asimismo, el presidente cubano abordó el tema de las filtraciones en medios de comunicación estadounidenses, las cuales sugieren un incremento en el envío de agentes y recursos de inteligencia por parte de la CIA hacia la isla. Según estas informaciones, el objetivo de dicho despliegue sería presionar al Gobierno cubano para que adopte reformas profundas o abandone el poder.
Frente a estas revelaciones, Díaz-Canel aseguró que el Gobierno cubano no se siente sorprendido por el aumento de las operaciones de la CIA destinadas a subvertir el orden interno. El presidente negó que se trate de filtraciones fortuitas o azarosas, calificándolas en cambio como parte de un "plan deliberado del régimen estadounidense de guerra psicológica" contra el Estado cubano.
Este clima de tensión se produce en un contexto donde Estados Unidos ha aplicado una política de "máxima presión" durante más de seis meses. Esta estrategia ha incluido un bloqueo petrolero que ha impactado severamente la infraestructura eléctrica de la isla, multiplicando los apagones y agravando una crisis económica y social ya preexistente. A esto se suman nuevas sanciones implementadas desde el mes de mayo, las cuales han tenido como efecto ahuyentar la inversión de empresas extranjeras. De fondo, la administración estadounidense ha mantenido una postura que deja abierta la posibilidad de una intervención militar, sumando así una capa adicional de presión sobre el gobierno de La Habana.





