Durante la última semana, el estado Trujillo se convirtió en el escenario de una intensa jornada de combate contra el fuego, tras el registro de 26 incendios forestales y de vegetación que afectaron diversas zonas de la entidad. Gracias a un despliegue multidisciplinario liderado por el Cuerpo de Bomberos del estado Trujillo, en conjunto con Protección Civil, diversos organismos de seguridad y la participación activa de comunidades organizadas, las autoridades lograron controlar la emergencia ambiental que impactó a más de 400 hectáreas en siete municipios diferentes.
La magnitud de los daños fue detallada a través de un boletín de prensa emitido por el Cuerpo de Bomberos, en el cual se especificó que las mayores emergencias ambientales se concentraron en el municipio Carache. Particularmente, en la parroquia La Concepción, el fuego causó estragos considerables, afectando una superficie superior a las 400 hectáreas. Las zonas más perjudicadas dentro de esta jurisdicción fueron Mesa Potrera, Miquimú y Río Arriba, donde la vegetación fue consumida por las llamas antes de que los equipos de emergencia pudieran establecer el control.
De manera simultánea, el municipio Trujillo, específicamente en su capital, también enfrentó situaciones críticas. En el sector Tucutucu, los equipos de rescate y combate debieron lidiar con el avance del fuego hacia terrenos caracterizados por pendientes extremas, localizados en la zona alta de Esnugue. La topografía del terreno representó uno de los mayores desafíos para los efectivos, quienes trabajaron para evitar que las llamas continuaran su ascenso y afectaran áreas aún más remotas de la montaña.
El balance operativo revela que las labores de combate incluyeron la atención de nueve incendios considerados de gran magnitud. Entre estos eventos destacados se encuentra un incendio que consumió 10 hectáreas en el sector Batatillo, perteneciente al municipio Candelaria. Además de estos focos mayores, se registraron otros 17 incendios de vegetación a menor escala, los cuales se distribuyeron en diversas localidades, incluyendo Burbusay en el municipio Boconó, El Aserradero en el municipio Andrés Bello, así como focos detectados en los municipios Urdaneta y San Rafael de Carvajal.
Para hacer frente a estas emergencias, especialmente en aquellas áreas de difícil acceso y bajo la presión de fuertes ráfagas de viento que propiciaban la propagación del fuego, se implementó una estrategia de respuesta coordinada. Esta consistió en la conformación de un frente unificado de combate, el cual integró la capacidad técnica y operativa de múltiples instituciones. Entre los componentes de este frente se encontraron los Bomberos Forestales de Inparques, Guardaparques, Protección Civil y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb).
Asimismo, el esfuerzo conjunto contó con la participación del Ministerio para el Ecosocialismo a través de UtecTrujillo, la Milicia Bolivariana y funcionarios de la DGCIM. Un elemento fundamental en el éxito de las operaciones fue el apoyo de los habitantes de las zonas rurales, quienes, conocedores del terreno, colaboraron estrechamente con los organismos oficiales para dirigir las maniobras de extinción y contención.
Las labores no finalizaron con la extinción de las llamas visibles. El despliegue incluyó exhaustivas tareas de enfriamiento y la apertura estratégica de cortafuegos. Estas acciones fueron determinantes para confinar el fuego y garantizar que no se produjeran reactivaciones que pudieran poner en riesgo las zonas residenciales de la región trujillana o propagarse hacia áreas protegidas de valor ecológico. Con estas maniobras, los cuerpos de seguridad y emergencia lograron estabilizar la situación en los siete municipios afectados, cerrando una semana de intensa actividad operativa para la preservación del ecosistema regional.






