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Enfoque 'One Health': La estrategia preventiva para blindar la salud pública y la economía de Chile

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen animal, es decir, tres de cada cuatro. Estas cifras demuestran la estrecha relación entre la salud humana y la salud animal, y refuerzan la importancia de actuar antes de que los riesgos se transformen en crisis. Sin embargo, cada vez que una alerta llega a los titulares se activan protocolos y se comunica el problema, pese a que las victorias sanitarias deberían ocurrir con políticas preventivas que impidan una emergencia. El enfoque One Health —Una Salud— describe con precisión que la salud

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Enfoque 'One Health': La estrategia preventiva para blindar la salud pública y la economía de Chile

La interconexión entre la salud de los seres humanos, los animales y el medio ambiente ha dejado de ser una observación teórica para convertirse en una urgencia de política pública. Según datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen un origen animal. Esta estadística, que indica que tres de cada cuatro nuevas enfermedades provienen de especies no humanas, pone de manifiesto la estrecha relación que existe entre la sanidad animal y la salud humana, subrayando la necesidad crítica de intervenir preventivamente antes de que los riesgos sanitarios escalen y se transformen en crisis globales.

Históricamente, la respuesta a las amenazas sanitarias ha sido reactiva. El patrón común consiste en esperar a que una alerta llegue a los titulares de prensa para activar protocolos de emergencia y comunicar la problemática. Sin embargo, el análisis actual sugiere que las verdaderas victorias sanitarias no se logran en la gestión de la crisis, sino a través de políticas preventivas sólidas que impidan que la emergencia llegue a producirse. En este contexto surge el enfoque "One Health" —Una Salud—, un modelo que describe la salud humana, animal y ambiental como un sistema interdependiente. Bajo esta premisa, el bienestar de uno de estos componentes impacta inevitablemente en los demás, revelando que la frontera entre la medicina humana y la veterinaria es, en realidad, una convención administrativa que los brotes infecciosos superan con naturalidad.

La implementación de la prevención en salud animal como una política permanente es fundamental para evitar pérdidas masivas. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH, 2026), más del 20% de la producción animal a nivel mundial se pierde anualmente debido a enfermedades que son prevenibles, muchas de las cuales son de carácter zoonótico. Esta cifra no solo representa una falla en la gestión sanitaria, sino un riesgo latente para la salud global.

Para Chile, esta problemática adquiere una dimensión económica directa y sensible. Según el Reporte 2025 de ChileCarne, el sector exportador de carnes alcanzó los USD 1.293 millones en 2025, distribuyendo sus productos en más de 60 mercados alrededor del mundo. Dada esta apertura comercial, la aparición de un brote sanitario a gran escala trascendería el ámbito productivo, afectando gravemente la posición de Chile en los mercados internacionales y comprometiendo la seguridad alimentaria de la población local.

Desde la perspectiva de MSD Salud Animal, la operatividad del enfoque One Health se sustenta en cuatro pilares preventivos que deben ejecutarse de manera continua y no esporádica: la vacunación sistemática, los controles veterinarios periódicos, el control de parásitos durante todo el año y la implementación de una bioseguridad integrada al manejo diario. Estas medidas están diseñadas para disminuir el riesgo de ingreso y la propagación de patógenos, utilizando herramientas y protocolos específicos adaptados a cada especie y sistema de producción.

La aplicación de estas medidas varía según el sector productivo. En la ganadería, por ejemplo, el monitoreo continuo es la herramienta clave para detectar alteraciones en la salud del rebaño antes de que un caso individual se convierta en un problema generalizado. En el sector de la porcicultura, se ha observado que los avances en los esquemas de vacunación no solo protegen contra enfermedades, sino que contribuyen a reducir el estrés animal y a mejorar los resultados productivos globales.

Por otro lado, la avicultura enfrenta el desafío persistente de fortalecer sus programas preventivos de vacunación. Para abordar esto, actualmente existen tecnologías que optimizan la inmunización masiva, tales como la aplicación de vacunas a través del agua o mediante sistemas de spray. Estos formatos simplifican la logística operativa y permiten ampliar la cobertura preventiva con una eficiencia significativamente mayor.

En conclusión, gestionar la salud animal como una política permanente es la única vía para proteger la salud pública y resguardar la estabilidad económica y alimentaria del país. Chile ya cuenta con la ciencia y la tecnología necesarias para implementar este modelo. El éxito de este desafío radica ahora en potenciar el trabajo coordinado entre los productores, las autoridades sanitarias y los Médicos Veterinarios, asegurando que la vacunación, el monitoreo tecnológico y los controles periódicos se conviertan en la norma operativa durante todo el año, sin excepciones.

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