La Región de Coquimbo se encuentra actualmente sumergida en un escenario hídrico sumamente complejo, el resultado de un proceso de degradación que se ha extendido por más de una década. Este periodo prolongado, caracterizado por un déficit sostenido de precipitaciones, ha mantenido los caudales de agua bajo los niveles normales y ha llevado a los embalses de la zona a registrar niveles históricamente bajos, comprometiendo la disponibilidad del recurso en la región.
La gravedad de esta situación ha sido advertida por el meteorólogo del Centro Científico CEAZA, Tomás Caballero, quien ha detallado que la falta persistente de lluvias y de nieve ha sido el factor determinante que ha impedido la recuperación del sistema hídrico regional. Según el especialista, el déficit acumulado de largo plazo no solo afecta la cantidad de agua que cae, sino que impacta directamente en toda la cadena de suministro natural, comenzando por los caudales y terminando en la capacidad de almacenamiento de las infraestructuras hídricas.
En sus declaraciones, Caballero señaló que la situación hídrica de la Región de Coquimbo sigue siendo muy delicada debido a este déficit acumulado tanto en lluvia como en nieve. Esta carencia se traduce en una realidad donde los caudales se mantienen bajo lo normal, lo que inevitablemente termina impactando en los embalses y en la cantidad de agua almacenada, la cual se encuentra muy por debajo de su capacidad nominal, alcanzando niveles muy bajos en diversos puntos de la región.
Al analizar las cifras actuales, el panorama resulta alarmante. La capacidad de almacenamiento de los embalses de la región alcanza, en promedio, apenas un 10%. Sin embargo, el experto aclara que este porcentaje es una media y que la realidad varía significativamente entre las distintas provincias, existiendo zonas donde la precariedad es mucho más aguda.
El escenario más crítico se presenta en la provincia de Limarí. Mientras que el promedio regional se sitúa en un 10%, Limarí cuenta con apenas un 6% de agua embalsada, lo que sitúa a esta zona en una posición de vulnerabilidad extrema frente a la escasez hídrica. Para el especialista, el escenario actual puede calificarse como delicado y crítico, especialmente al revisar el detalle por provincias.
A pesar de este panorama desolador, existen algunas perspectivas climáticas para los próximos meses que resultan más alentadoras. Los modelos meteorológicos proyectan que las precipitaciones podrían situarse dentro de los rangos normales e incluso ser superiores a lo habitual durante la presente temporada. Este cambio favorable estaría influenciado principalmente por el desarrollo de un evento de El Niño, el cual se describe como bastante intenso.
Tomás Caballero explicó que el fenómeno de El Niño debería generar condiciones más favorables para la llegada de precipitaciones a la región. No obstante, el meteorólogo fue cuidadoso al señalar que este fenómeno no es el único factor que influye en la llegada de los sistemas frontales, por lo que no se puede garantizar la recuperación inmediata del sistema.
En este sentido, el experto enfatizó una advertencia fundamental: un invierno lluvioso no será suficiente para revertir la crisis hídrica que arrastra la región desde hace años. Si bien El Niño aumenta las probabilidades de lluvia, esto no garantiza una temporada exitosa. Además, debido al profundo déficit acumulado, incluso precipitaciones que se mantengan dentro de lo normal podrían no ser suficientes para recuperar los caudales y los niveles de los embalses. Caballero sostuvo que se requerirían varios años consecutivos de precipitaciones favorables para poder recuperar plenamente el sistema hídrico regional.
Finalmente, respecto a las críticas o dudas sobre el bajo nivel de almacenamiento, el meteorólogo aclaró que la infraestructura hídrica de la región ha cumplido el rol para el cual fue diseñada. Según Caballero, los embalses han cumplido su función de almacenar y distribuir el agua, especialmente durante los periodos secos. El especialista subrayó que los embalses no generan agua por sí mismos, sino que dependen directamente de las precipitaciones y de la nieve, elementos que han faltado críticamente durante los últimos años.






