En el barrio Rojas Cañada, ubicado en la localidad de Capiatá, se ha desencadenado una serie de acontecimientos que ponen de manifiesto una disputa vecinal sumamente inusual y cargada de contradicciones. El conflicto tiene como protagonistas a un hombre identificado como Arnaldo Rojas y su vecina, de nombre Silvia Lorena, quien ha sido señalada por llevar a cabo una escalada de agresiones que comenzaron con reclamos verbales y culminaron en amenazas directas y conductas inapropiadas en la vía pública.
Según los relatos presentados, la ironía de este caso reside en el origen de las tensiones. Todo comenzó durante una madrugada, en un momento en que el señor Rojas se encontraba regresando a su hogar tras haber dejado a su esposa en el hospital. En ese trayecto, fue interceptado por los gritos de Silvia Lorena, quien comenzó a increparlo violentamente bajo la premisa de que el hombre la estaba observando. La mujer habría lanzado frases como: “¿Qué lo que mirás hacia mi casa? ¿Me querés comer o qué? Me acosas, te voy a denunciar”, acusando al vecino de acoso sin que mediara una provocación previa según la versión de la víctima.
Ante la gravedad de los gritos y la actitud de la mujer, Arnaldo Rojas procedió a informar lo sucedido a su esposa una vez que se reencontraron. Ante el temor de que la situación escalara, la pareja decidió acudir a la Comisaría local con el objetivo de formalizar una denuncia por el incidente ocurrido durante la madrugada. Sin embargo, según el relato del afectado, las autoridades policiales no tomaron la denuncia, dejando el hecho sin un registro oficial en ese primer momento.
La situación no encontró tregua y, el mismo día, alrededor de las 10:00 horas, el conflicto volvió a emerger. Mientras Arnaldo Rojas se encontraba realizando labores de mantenimiento en su propiedad utilizando una desmalezadora, la vecina Silvia Lorena regresó para increparlo nuevamente. En este segundo encuentro, la mujer adoptó una conducta sorprendentemente explícita: procedió a bajarse los pantalones para mostrarle las nalgas al señor Rojas, acompañando la acción con la frase: “acá está, nunca me vas a comer”. Este episodio, que evidencia la volatilidad del comportamiento de la acusada, fue captado en video, sirviendo como prueba material de lo ocurrido.
De manera contradictoria a sus acusaciones iniciales de acoso, el señor Rojas mencionó que, posterior a estos eventos, la actitud de la mujer cambió hacia una forma distinta de hostigamiento. Según el testimonio, la vecina solía pasar frente a su domicilio con un equipo de sonido a todo volumen, aprovechando el ruido para gritarle la frase “mi amor”, transformando el entorno en un escenario de inestabilidad psicológica.
No obstante, la disputa alcanzó un punto crítico y mucho más peligroso cuando la seguridad de menores de edad se vio comprometida. Se denuncia que Silvia Lorena supuestamente intentó atropellar a las hijas de Arnaldo Rojas en el momento en que las niñas regresaban de la escuela. Este hecho provocó que el padre acudiera a reclamarle a la mujer por el peligro causado a sus hijas. No obstante, la respuesta de la vecina fue presentar una denuncia contra el señor Rojas para obtener una orden de alejamiento, invirtiendo así los roles de víctima y agresor en el proceso legal.
Finalmente, Arnaldo Rojas agregó que las agresiones no se limitaron a los actos públicos. El hombre aseguró que la mujer llegó a hablar sobre matar a su esposa. Para respaldar sus afirmaciones sobre la conducta errática de su vecina, Rojas sostiene que posee videos donde se observa a Silvia Lorena bailando frente a su casa, sumando más elementos a este complejo caso de convivencia vecinal en Capiatá.






