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Brasil despliega millones de mosquitos modificados para combatir la propagación del dengue

Científicos en Brasil producen mosquitos con la bacteria Wolbachia para frenar el dengue. Conozca cómo funciona la biofábrica de "wolbitos" y los desafíos que enfrentan para expandir este método en 2026.

Brasil despliega millones de mosquitos modificados para combatir la propagación del dengue

Brasil ha puesto en marcha una estrategia biotecnológica avanzada para combatir la propagación del dengue a través de la operatividad de una biofábrica ubicada en la ciudad de Curitiba. Este proyecto, liderado por el científico Luciano Moreira, se centra en la producción masiva de mosquitos infectados con una bacteria específica, con el objetivo primordial de reducir la incidencia de este virus en el territorio suramericano.

El núcleo de esta iniciativa reside en el uso de insectos denominados "wolbitos", los cuales portan la bacteria Wolbachia. Este microorganismo actúa como un inhibidor natural, impidiendo que el mosquito Aedes aegypti sea capaz de desarrollar y, consecuentemente, transmitir el virus del dengue a los seres humanos. La estrategia implementada consiste en la liberación controlada de estos ejemplares en diversos entornos urbanos. Una vez liberados, los "wolbitos" se reproducen con la población silvestre, permitiendo que la bacteria se extienda y sustituya gradualmente a los mosquitos que no la portan, neutralizando así la capacidad de contagio de la especie.

La capacidad de producción de este proyecto ha escalado significativamente con la inauguración de una planta especializada en el año 2025. Actualmente, esta instalación genera aproximadamente 100 millones de huevos cada semana. El proceso biológico garantiza que las hembras infectadas transmitan la bacteria Wolbachia a sus crías de manera natural, asegurando la continuidad de la protección en las generaciones siguientes. Para optimizar la logística, los encargados de la biofábrica despachan estos huevos encapsulados hacia diversos centros municipales, donde se lleva a cabo el proceso de eclosión antes de su liberación en el medio ambiente.

Los resultados obtenidos hasta el momento sugieren una eficacia considerable en la aplicación de esta técnica. En ciudades como Niterói y Campo Grande, el impacto ha sido notable; según reportes de la agencia AFP, la incidencia del dengue cayó un 89% y un 63%, respectivamente, en dichas localidades. Desde que se iniciaron las primeras pruebas de este método en el año 2011, la iniciativa ha logrado brindar protección a un total de seis millones de brasileños.

Sin embargo, el panorama epidemiológico general sigue siendo complejo. A pesar de los avances tecnológicos y los éxitos locales, Brasil registró más de 6.000 muertes causadas por el dengue durante el año 2024. Al respecto, Luciano Moreira ha advertido sobre la influencia del cambio climático, señalando que el aumento de las temperaturas está facilitando la diseminación del virus hacia regiones del sur del país que anteriormente eran demasiado frías para la supervivencia del mosquito.

La expansión de este programa a nivel nacional no ha estado exenta de dificultades. El ministro de Salud, Alexandre Padilha, ha reconocido que la implementación del proyecto enfrenta desafíos operativos y logísticos de gran magnitud, además de limitaciones financieras. A pesar de estos obstáculos, el Gobierno ha fijado una meta ambiciosa: llevar la aplicación de este método a 70 municipios para el cierre del año 2026.

En ciudades como Río de Janeiro, la labor de campo se ha visto entorpecida por factores externos críticos. El crimen organizado presente en las favelas representa un riesgo y una barrera para los equipos técnicos, mientras que el uso de larvicidas incompatibles con los "wolbitos" ha perjudicado la supervivencia de los insectos liberados. En este sentido, la experta Ludimila Raupp señaló que han existido fallas notables en la coordinación institucional durante la implementación a nivel local, lo que ha mermado la eficiencia del programa.

Finalmente, Luciano Moreira ha subrayado que la implementación de esta estrategia requiere paciencia, ya que los resultados positivos suelen percibirse aproximadamente dos años después de la liberación de los mosquitos. El científico enfatizó que el uso de los "wolbitos" debe entenderse como una herramienta complementaria dentro de un plan de salud pública más amplio, aclarando que esta técnica no sustituye otras medidas preventivas esenciales, como la vacunación.

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