La ciencia chilena ha logrado posicionar sus capacidades tecnológicas y biológicas en la órbita terrestre. El Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL), perteneciente a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, confirmó el éxito de la conexión y el inicio formal de diversos experimentos en microgravedad. Este avance representa un hito para la ciencia espacial del país, permitiendo que el proyecto coordinado por dicha institución comience a recibir sus primeros registros de datos directamente desde la Estación Espacial Internacional (EEI).
El despliegue de esta misión comenzó el pasado 11 de abril, cuando el contenedor con los experimentos nacionales fue lanzado al espacio a bordo de un cohete Falcon 9 de la compañía SpaceX. Tras el lanzamiento, la cápsula Cygnus, que transportaba el equipamiento chileno, fue capturada por los astronautas que se encuentran en la plataforma orbital. Posteriormente, el personal especializado llevó a cabo la verificación de la integridad del hardware antes de proceder a energizarlo en el módulo correspondiente, permitiendo que el sistema iniciara su fase de operación autónoma en el espacio.
Marcos Díaz, quien se desempeña como el investigador principal de la misión, fue el encargado de confirmar que el sistema ya ha establecido contacto y se encuentra funcionando correctamente. Según detalló el académico, el equipo ya obtuvo el primer contacto con la plataforma orbital, verificando que todos los componentes operativos estuvieran en óptimas condiciones para el desarrollo de las tareas programadas. Este proceso fue el resultado de una fase crítica de integración realizada previamente en tierra, asegurando que el hardware pudiera resistir las condiciones del viaje y la posterior conexión en el entorno orbital.
Durante un periodo de seis meses, el contenedor chileno operará como un laboratorio miniatura. El objetivo principal de este dispositivo es estudiar el comportamiento de diversos componentes biológicos y tecnológicos bajo las condiciones extremas que impone la órbita terrestre, específicamente la microgravedad. Dentro de los ejes de investigación, destacan los estudios sobre microorganismos extremófilos y arqueas. El estado biológico de estos organismos será monitoreado de manera constante, lo que permitirá a los investigadores comparar su evolución en el espacio con contramuestras que están siendo analizadas simultáneamente en laboratorios terrestres.
En paralelo a la biología, la misión contempla una serie de pruebas en el ámbito de la nanotecnología. Se están realizando ensayos críticos con muestras de grafeno, así como evaluaciones de procesadores de última generación y el uso de fuentes de luz láser y ultravioleta (UV). Para soportar estas investigaciones, se ha desplegado instrumentación avanzada que incluye un microscopio basado en lentes líquidas y sistemas sofisticados para el seguimiento de partículas. Todo este conjunto de herramientas operará de forma integrada con el fin de generar datos inéditos sobre la resistencia y la capacidad de adaptación de materiales y organismos en el espacio profundo durante este año 2026.
Un componente distintivo y singular de esta misión es el proyecto titulado El ángel de la historia. Esta iniciativa es liderada por el artista Luis Guzmán en estrecha colaboración con el equipo técnico del SPEL. Recientemente, las imágenes capturadas en la EEI confirmaron la apertura de un compartimiento especializado, diseñado específicamente para el ensamblaje de ADN sintético en el espacio. Este proyecto busca fusionar la bioingeniería con el arte y la ética, explorando nuevas dimensiones de la creación humana fuera de los límites terrestres.
El éxito de estas primeras jornadas de operación es el resultado de un esfuerzo colaborativo. El equipo de la Universidad de Chile ha contado con el apoyo fundamental de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y la Fundación Biociencia. Para los involucrados, la operatividad del sistema en 2026 es una validación directa del talento local y de la capacidad técnica nacional. Marcos Díaz enfatizó la importancia de que se reconozca la relevancia de Chile en esta área científica, señalando que la descarga periódica de datos permitirá la generación de conocimiento de frontera desde el extremo sur del mundo hacia el cosmos.




