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Arzobispo Ulloa: El Resentimiento Te Envenena, ¡Perdona Ya!

El líder de la iglesia católica invita a la comunidad a vivir estos días previos a Semana Santa con recogimiento y a reconciliarse con Dios.

Arzobispo Ulloa: El Resentimiento Te Envenena, ¡Perdona Ya!

Ciudad de Panamá – En una poderosa homilía pronunciada este domingo en la capilla de la Universidad Católica Santa María La Antigua, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, realizó un ferviente llamado a la reconciliación y al perdón, instando a los fieles a liberarse del peso del resentimiento que, según sus palabras, “nos hace daño a nosotros mismos”. El mensaje, entregado en la recta final de la Cuaresma, resonó con especial fuerza en un contexto social panameño marcado por tensiones y desafíos.

Ulloa no se limitó a una exhortación teórica al perdón. Su discurso se caracterizó por una honestidad brutal y una cercanía con la realidad cotidiana de las personas. El arzobispo advirtió sobre la devastadora capacidad del rencor para anclar a los individuos en el pasado, impidiéndoles avanzar y encontrar la paz interior. “El resentimiento es como llevar carbón encendido en nuestras manos”, afirmó con vehemencia, una metáfora impactante que ilustra el sufrimiento auto-infligido que conlleva aferrarse al odio y la amargura.

La preocupación del arzobispo se extendió a aquellos que, durante décadas, han permitido que el resentimiento domine sus vidas. “A mi espanta a veces gente que lleva desde hace 50 años arrastrando resentimientos, no son capaces de liberarse”, confesó Ulloa, revelando su profunda empatía por aquellos que luchan contra esta carga emocional. Compartió ejemplos concretos y dolorosos, como el caso de hombres y mujeres incapaces de perdonar a sus cónyuges que los abandonaron hace años, condenados a vivir perpetuamente con el “fantasma” de una relación fallida. Estas historias, según el arzobispo, son un testimonio de cómo el resentimiento se convierte en una prisión emocional que impide la curación y el crecimiento personal.

La homilía no se centró únicamente en el perdón interpersonal. Ulloa también abordó la cuestión de la fe y la confianza en Dios, especialmente en momentos de dolor y sufrimiento. Haciendo referencia al pasaje bíblico de Marta y Jesús, reflexionó sobre la tendencia humana a cuestionar la voluntad divina ante la adversidad. “A veces sentimos que Dios llega tarde ante el dolor o la enfermedad”, admitió el arzobispo, reconociendo la dificultad de mantener la fe en medio de la tribulación.

Sin embargo, Ulloa ofreció una respuesta esperanzadora, basada en la revelación de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida”. Esta afirmación, según el arzobispo, no es una simple promesa, sino una invitación a fortalecer la fe y a dar testimonio de la presencia de Cristo en nuestras vidas. Ulloa enfatizó que Cristo ofrece una libertad interior que trasciende las limitaciones físicas y las circunstancias difíciles.

En un gesto de inclusión y compasión, el arzobispo dirigió un mensaje especial a aquellos que, por diversas razones, no pueden participar plenamente en la vida comunitaria de la Iglesia. “A quienes no pueden salir de sus hogares, están hospitalizados o en centros penitenciarios, les digo que la Iglesia llega a todos”, aseguró Ulloa, reafirmando el compromiso de la institución con los más vulnerables y marginados. “Cristo entra donde cada persona se encuentra para llevar consuelo”, añadió, transmitiendo un mensaje de esperanza y cercanía a aquellos que se sienten solos y abandonados.

Ulloa reconoció las tensiones y desafíos que enfrenta la sociedad panameña actual, pero insistió en que el mensaje de Cristo sigue siendo relevante y poderoso. Subrayó que cada individuo tiene la libertad de elegir creer o rechazar, y que esta decisión se manifiesta a través de sus obras. En este sentido, invitó a los fieles a vivir los días previos a la Semana Santa con recogimiento, a reconciliarse con Dios y, a aquellos que no pueden asistir a las celebraciones religiosas, a convertir sus hogares en “pequeños santuarios”.

La homilía del arzobispo Ulloa fue un llamado a la introspección y a la transformación personal. Su mensaje, cargado de empatía y esperanza, resonó con fuerza en la comunidad católica panameña, invitando a los fieles a dejar atrás el resentimiento, a fortalecer su fe y a vivir una vida más plena y significativa. La invitación a convertir el hogar en un santuario, especialmente para aquellos que no pueden participar en las celebraciones públicas, subraya la importancia de la espiritualidad personal y la presencia de Dios en la vida cotidiana. El mensaje final del arzobispo es claro: el perdón y la fe son las claves para encontrar la verdadera libertad y la paz interior, incluso en medio de las dificultades y tensiones de la vida moderna. La reflexión sobre el tiempo que algunas personas dedican a mantener rencores, incluso durante décadas, es un llamado a la acción para priorizar la sanación emocional y la reconciliación en la vida personal y comunitaria.

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