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Smiljan Radic, el arquitecto chileno que desafía la gravedad y conquista el Pritzker

Autor de construcciones de diseño deslumbrante como el Teatro Regional del Biobío o el pabellón de la Serpentine Gallery de Londres, Radic dice que le interesa más el paisaje urbano que el natural: "Me interesa cómo el chileno construye, cómo toca su entorno inmediato". Dice que no busca dejar una huella: "Siempre me he resistido a ese tipo de celebración".

Smiljan Radic, el arquitecto chileno que desafía la gravedad y conquista el Pritzker

Smiljan Radic, el arquitecto chileno, ha sido galardonado con el prestigioso Premio Pritzker, convirtiéndose en el segundo arquitecto de su país en recibir este reconocimiento, tras Alejandro Aravena en 2016. La noticia, anunciada este martes, celebra una trayectoria marcada por la experimentación, la sensibilidad material y una visión única que tensiona lo efímero y lo permanente en la arquitectura. Radic, nacido en Santiago en 1965, ha logrado consagrarse como una figura clave en el panorama arquitectónico internacional, un “rockstar” de la disciplina, como lo definió The New York Times.

Su obra, caracterizada por la convivencia de materiales contrastantes como la madera, la piedra y la luz, se distingue por la sofisticación y la búsqueda constante de nuevas formas de expresión. Sus construcciones no son meros edificios funcionales, sino espacios que invitan a la reflexión, al refugio y a la conexión con el entorno. El pabellón diseñado para la Serpentine Gallery de Londres en 2014, descrito como un “huevo prehistórico” de día y una “luciérnaga gigante” de noche, fue un punto de inflexión en su carrera, un hito que lo catapultó a la fama internacional.

El jurado del Pritzker, presidido por Aravena, destacó la capacidad de Radic para crear edificios que parecen “temporales, inestables o deliberadamente inacabados”, pero que, a pesar de su aparente fragilidad, ofrecen un “refugio estructurado, optimista y discretamente alegre”. Esta vulnerabilidad inherente a su obra es vista como una condición esencial de la experiencia vivida, una invitación a detenerse y reconsiderar el mundo que nos rodea.

La influencia de sus viajes a Venecia a finales de los años 80 es palpable en su trabajo, así como la colaboración con su esposa, la artista Marcela Correa. Radic es un lector voraz de filosofía y poesía, y su obra refleja una profunda sensibilidad hacia las influencias de la literatura y el arte. Proyectos como el restaurante El Mestizo en el Parque Bicentenario, la maqueta El Castillo del Gigante Egoísta, el Teatro Regional del Biobío, la bodega de la Viña Vik y la carpa instalada frente a La Moneda para la Bienal de Arquitectura 2023, demuestran una continuidad conceptual que se manifiesta en la búsqueda de espacios que se conectan con el entorno y que invitan a la introspección.

“La arquitectura existe entre formas grandes, macizas y perdurables —estructuras que permanecen bajo el sol durante siglos, esperando nuestra visita— y construcciones más pequeñas y frágiles —efímeras como la vida de una mosca, a menudo sin un destino claro bajo la luz convencional. Dentro de esta tensión de tiempos dispares, nos esforzamos por crear experiencias que transmitan una profunda emoción, animando a las personas a detenerse y reconsiderar un mundo que con tanta frecuencia pasa de largo sin que les dé cuenta", expresó Radic al recibir el premio.

El arquitecto, sin embargo, se muestra modesto ante el reconocimiento. En una entrevista reciente, admitió que le resulta extraño ver su obra como un “enunciado de algo mayor”, ya que la mayoría de sus edificios han sido “ensayos, productos de una práctica más o menos automática”. Prefiere no pensar en ellos como una tesis, sino como experimentos individuales que, en conjunto, revelan una visión particular del mundo.

Radic celebró el premio con una fiesta “muy calmada y alegre” en el Galpón Independencia, acompañado de Correa y un grupo de amigos cercanos. La ocasión sirvió para reafirmar su compromiso con la arquitectura experimental y su deseo de seguir explorando nuevas formas de expresión.

En cuanto a la relación entre arte y arquitectura, Radic la describe como un “gusto intermitente y muy provechoso”, especialmente a través de las visitas a talleres de manipulación de materiales, ya sean artesanales, artísticos o industriales. Considera que estas experiencias son beneficiosas para la creación de una arquitectura que se aleje de lo convencional y que se abra a nuevas posibilidades.

La fundación de la Fundación de Arquitectura Frágil en 2017 es una muestra de su compromiso con la difusión de la arquitectura experimental o “improbable”. A través de esta fundación, Radic busca estudiar y promover el trabajo de artistas y arquitectos que han desafiado los límites de la disciplina, como Christo & Jean Claude, Lina Bo Bardi, Le Corbusier y Gordon Matta-Clark. La exposición “Tira de Prueba”, que alberga la fundación en la Sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes, es un testimonio de esta búsqueda de nuevas perspectivas.

Actualmente, Radic está trabajando en varios proyectos de diversa escala, desde pabellones para la Fira en Barcelona hasta hoteles en España y Croacia, pasando por casas en Suiza y una instalación para un circo pobre chileno en Logroño. Sin embargo, su deseo es seguir trabajando en Chile, aunque reconoce la importancia de mantener una cierta distancia física y digital para poder desarrollar su propia visión.

“Me gustaría hacer arquitectura en Chile, y no sólo desde Chile. Una cierta distancia, física y también digital, te mantiene fuera, lo que es bueno si puedes desarrollar lo que quieres hacer; si no, causa sólo frustraciones”, afirma Radic.

Su compromiso con el país se manifiesta también en su participación en un proyecto intergeneracional de respaldo comunitario en comunas periféricas de Chile, así como en su antiguo proyecto de construir una escuela básica urbana que sea a la vez hogar, comedor, plaza, sala de clase y centro comunitario.

Radic se siente parte de una generación de arquitectos chilenos que han logrado reconocimiento internacional gracias a su originalidad, rigor y a la emoción que producen sus diseños. Admira a figuras como Miguel Eyquem, uno de los fundadores de la Ciudad Abierta de Ritoque, y a José Cruz y Germán del Sol, cuyo pabellón en Sevilla en 1992 abrió el camino para la visibilidad internacional de la arquitectura chilena.

En su reflexión sobre la relación entre la arquitectura y el territorio, Radic destaca la importancia de crear un “pequeño imaginario” que se sostenga en medio de la inestabilidad y el cambio. Considera que los materiales efímeros y modestos, la artesanía y la autoconstrucción son elementos esenciales de su trabajo, un camino que descubrió al intentar “encantar” a sus amigos extranjeros con la arquitectura chilena.

Finalmente, Radic se muestra escéptico ante la posibilidad de que la arquitectura pueda resolver los problemas del mundo, pero reconoce su potencial para generar espacios de reflexión y para imaginar un futuro diferente. “En un estado de emergencia permanente es difícil elaborar algo permanente, pero es muy esperanzador poder hacer el intento”, concluye.

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