Finlandia se corona como el país más feliz del mundo por novena vez consecutiva, consolidando el dominio nórdico en la cima del Informe Mundial sobre la Felicidad 2025. Islandia y Dinamarca completan el podio, mientras que Costa Rica irrumpe en el top 4 como el mejor representante de Latinoamérica. El informe, elaborado por el Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford, analiza datos de 147 países, evaluando la satisfacción con la vida de sus habitantes a través de la “Escalera de Cantril”, donde 10 representa la mejor vida posible y 0 la peor.
La persistencia de Finlandia en el primer puesto, un récord histórico, se atribuye a su profundo compromiso con la cooperación y la confianza social. Según John F. Helliwell, editor fundador del informe, “las sociedades exitosas cooperan ante la adversidad”, y los finlandeses ejemplifican esta filosofía, creando un entorno donde la solidaridad y el apoyo mutuo florecen. Esta cohesión social se traduce en una alta calidad de vida, respaldada por sólidos sistemas de bienestar social, educación y sanidad.
El resto del top 10 lo conforman Suecia (5), Noruega (6), Países Bajos (7), Israel (8), Luxemburgo (9) y Suiza (10), demostrando una clara tendencia a que los países con economías desarrolladas y fuertes redes de seguridad social se posicionen favorablemente en el ranking. La presencia de Israel, como único país de Medio Oriente entre los 20 primeros, destaca su resiliencia y capacidad para mantener un alto nivel de bienestar a pesar de los desafíos geopolíticos.
Sin embargo, el informe no solo celebra los éxitos, sino que también alerta sobre una preocupante tendencia: el declive de la felicidad entre los jóvenes en países de habla inglesa. Estados Unidos ocupa el puesto 23, Canadá el 25 y el Reino Unido el 29, marcando el segundo año consecutivo en que ninguno de estos países figura entre los diez primeros. Este descenso se atribuye, en gran medida, al aumento del uso de las redes sociales y su impacto en la salud mental de los jóvenes.
Los investigadores han observado que las valoraciones de la vida entre los menores de 25 años en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda han disminuido en casi un punto completo en la escala de 0 a 10 durante la última década. Este descenso es particularmente alarmante si se considera que la satisfacción promedio de los jóvenes en el resto del mundo ha aumentado en el mismo período. Helliwell señala que “se trata de un descenso alarmante en el bienestar de los jóvenes”, y que “uno de los factores determinantes, especialmente en Estados Unidos, es la magnitud y la naturaleza del uso de las redes sociales”.
El informe sugiere que el uso excesivo de las redes sociales puede estar contribuyendo a sentimientos de soledad, ansiedad y depresión entre los jóvenes, al fomentar la comparación social y la búsqueda constante de validación externa. Sin embargo, los investigadores también reconocen que el impacto de las redes sociales es complejo y depende de cómo se utilicen. Helliwell enfatiza que “la forma en que se utilizan las redes sociales” es crucial, y que una pregunta clave es “si realmente son redes sociales o redes antisociales”.
En contraste con la situación en los países de habla inglesa, los jóvenes latinoamericanos parecen ser más resilientes a los efectos negativos de las redes sociales. A pesar de que el consumo de internet y redes sociales es elevado en la región, el bienestar de los jóvenes latinoamericanos se mantiene sólido y en aumento. Esto sugiere que factores culturales y sociales, como el fuerte sentido de comunidad y el apoyo familiar, pueden estar actuando como un amortiguador contra los efectos negativos de la tecnología.
El informe también destaca la importancia de factores como el PIB per cápita, la esperanza de vida, la generosidad, la libertad y la percepción de corrupción en la determinación de la felicidad. Los países con economías fuertes, sistemas de salud eficientes, altos niveles de confianza social y bajos niveles de corrupción tienden a obtener mejores resultados en el ranking.
En el extremo opuesto de la escala, Afganistán se mantiene como el país más infeliz del mundo, en el puesto 147, reflejando la devastación causada por décadas de conflicto y pobreza. Sierra Leona, Malaui, Zimbabue y Botsuana completan la lista de los países menos felices, evidenciando la estrecha relación entre la inestabilidad política, la falta de oportunidades y el bajo nivel de bienestar.
El Informe Mundial sobre la Felicidad no solo ofrece una instantánea del estado actual del bienestar global, sino que también proporciona información valiosa para los responsables políticos y las organizaciones que trabajan para mejorar la calidad de vida de las personas en todo el mundo. La era digital, con sus desafíos y oportunidades, está transformando los fundamentos sociales y emocionales del bienestar, y comprender estas interacciones es fundamental para desarrollar políticas que promuevan una sociedad más feliz y saludable.
Zeynep Ozkok, economista de la Universidad de San Francisco Javier, señala que “la era digital está transformando los fundamentos sociales y emocionales del bienestar en Europa”, y que los efectos no son uniformes ni inevitables. La clave para aprovechar los beneficios de la tecnología y mitigar sus riesgos reside en encontrar un equilibrio entre la conexión digital y la interacción humana, y en fomentar un uso responsable y consciente de las redes sociales.
A pesar de los desafíos, los autores del informe se muestran optimistas y señalan que países de todo el mundo han comenzado a implementar medidas destinadas a proteger a los jóvenes de los peligros de las redes sociales. La capacidad de los investigadores para identificar tendencias que dan forma a la felicidad global también es motivo de esperanza, ya que permite comprender mejor los factores que contribuyen al bienestar y desarrollar estrategias más efectivas para promoverlo.
En última instancia, el Informe Mundial sobre la Felicidad nos recuerda que la búsqueda de la felicidad es un objetivo universal, y que la clave para alcanzarla reside en cultivar relaciones sociales sólidas, promover la confianza y la cooperación, y valorar las cosas simples de la vida. Como dice Helliwell, “el mundo está lleno de desconocidos amables”, y si uno sabe eso, le afecta en todos los sentidos. La lección de Finlandia, y de los demás países nórdicos, es que la felicidad no es un destino, sino un camino que se construye día a día, a través de la solidaridad, la empatía y el compromiso con el bienestar común.






