La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil ha culminado en un escenario de profunda confusión y desconcierto. Lo que debía ser el cierre natural de una jornada electoral terminó en un caos organizativo después de que un juez de la Corte Suprema decidiera prorrogar el horario de votación por dos horas adicionales, justo en el preciso momento en que los sistemas oficiales ya habían comenzado el recuento de los sufragios.
El conflicto surgió en la última hora del periodo de votación, el cual estaba programado para finalizar a las 17.00 horas locales (20.00 GMT). La incertidumbre se desató cuando las campañas de los dos candidatos principales, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador derechista Flávio Bolsonaro, solicitaron una extensión del horario, aunque basando sus peticiones en motivos completamente diferentes.
Por un lado, la campaña de Lula da Silva, representante del Partido de los Trabajadores (PT), solicitó la ampliación para todo el territorio nacional. El argumento central del PT se basó en las "incidencias" registradas en el transporte de los votantes en diversos estados del país. El partido denunció formalmente que algunos alcaldes opositores a Lula habrían incumplido las órdenes de la Justicia Electoral. Según la normativa, los gestores municipales están obligados a disponer de un servicio de transporte gratuito y a pleno rendimiento, operando como si se tratara de un día laboral ordinario, para garantizar el acceso de los ciudadanos a las urnas.
Por otro lado, el hijo mayor del expresidente, Flávio Bolsonaro, también presentó una solicitud de ampliación, aunque de manera mucho más acotada. Su petición se limitaba a unos pocos estados brasileños, justificando la medida debido a las intensas lluvias que habían afectado la movilidad de los electores en regiones específicas.
Ante esta situación, el PT no solo presentó un recurso ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), el órgano encargado de arbitrar los procesos electorales en Brasil, sino que también llevó la solicitud a la Corte Suprema. Fue allí donde el juez Cristiano Zanin tomó la decisión determinante. Zanin, quien fue abogado personal de Lula y fue nominado al Supremo por el propio candidato en 2023, ordenó extender el plazo para la recepción de votos en todas las mesas electorales de Brasil hasta las 19.00 horas locales (22.00 GMT). En su fallo, el magistrado señaló que, "considerando la gravedad de los hechos expuestos", el TSE debía dar cumplimiento inmediato a esta prórroga.
Sin embargo, la ejecución de esta orden judicial chocó frontalmente con la realidad técnica del proceso. Para cuando se hizo público el fallo de Zanin, los sistemas del Tribunal Superior Electoral ya habían iniciado la contabilización de los primeros votos. Los datos oficiales preliminares indicaban que Lula contaba con el 57,6 % de los votos, frente al 42,3 % de Flávio Bolsonaro, con un 0,25 % de las urnas ya escrutadas. Tras la intervención del juez, el porcentaje de escrutinio se detuvo y fuentes del TSE informaron que la totalización de los votos tuvo que ser pausada.
Esta decisión generó una situación contradictoria en los centros de votación. En San Pablo, el colegio privado Dante Alighieri, uno de los centros más exclusivos de la ciudad, cerró sus puertas puntualmente a las 17.00 horas. El responsable de la Justicia Electoral en dicho centro manifestó a la agencia EFE que no habían recibido ninguna comunicación oficial sobre la ampliación y que, por lo tanto, decidió respetar la cadena de mando establecida.
En Río de Janeiro, la situación fue igualmente errática. Miembros de las mesas electorales reportaron que algunas urnas permanecieron abiertas mientras que otras ya habían sido cerradas. Existía una incertidumbre generalizada sobre si era posible reabrir las urnas que ya habían finalizado su proceso, subrayando que aquellas que ya habían impreso el boletín de resultados no podían volver a ser iniciadas.
En total, cerca de 160 millones de brasileños fueron convocados a las urnas para decidir el futuro jefe de Estado, en un proceso que, a pesar de haber transcurrido con normalidad durante la mayor parte de la jornada y pese a las lluvias, terminó envuelto en una controversia judicial y logística en sus minutos finales.






