La relación entre Ernesto Guevara y la provincia de Cienfuegos trasciende el recuerdo de su paso militar para asentarse en un proyecto de transformación económica. Si bien su presencia inicial estuvo marcada por la ofensiva final de 1958 y los acontecimientos de enero de 1959, su huella más duradera se manifiesta en la visión de convertir a la región en un polo industrial de referencia nacional, una apuesta gestionada desde el Ministerio de Industrias que definió la identidad productiva de la ciudad.
El vínculo comenzó en octubre de 1958, cuando la Columna No. 8 “Ciro Redondo”, liderada por el Che, llegó a Las Villas tras partir de la Sierra Maestra en agosto. Esta incursión no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia para extender la guerra al centro de la isla. En el terreno, la unidad de las fuerzas fue el resultado de negociaciones complejas, destacando el Pacto de El Pedrero suscrito en diciembre de 1958 entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario. Mientras Camilo Cienfuegos operaba en el norte villareño, el Che se concentró en Santa Clara, una división de tareas que precipitó la caída del régimen de Batista.
Tras el triunfo, enero de 1959 en Cienfuegos estuvo marcado por la inestabilidad. Hubo intentos de sectores oportunistas por capitalizar el vacío de poder y establecer juntas locales que aseguraran cuotas de influencia. Esta situación fue desarticulada por las fuerzas leales a Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, recomponiendo la dirección local con cuadros de trayectoria comprobada. El proceso culminó el 6 de enero con la llegada de Fidel Castro, quien en su discurso frente al Ayuntamiento afirmó: “Con Cienfuegos hay que contar”.
A finales de los años 50, la economía cienfueguera se limitaba al comercio, la estiba y el azúcar, con una manufactura mínima. Ante esto, el Comité Central de Delegados e Instituciones de Cienfuegos solicitó a Ernesto Guevara, entonces al frente del Banco Nacional, la inclusión del territorio en los planes de industrialización. El Che aceptó basándose en las ventajas geográficas de la zona: una bahía de aguas profundas, un puerto con tradición, conexión ferroviaria y una ubicación estratégica entre el centro y el sur. El objetivo era redistribuir la producción manufacturera, concentrada hasta entonces en La Habana.
El resultado tangible comenzó en 1962 con la Fábrica de Motores Diésel, destinada a proveer equipos para el campo y sistemas de riego en zonas sin red eléctrica. Esta planta fue el motor de un crecimiento industrial que incluyó fábricas de cereales, combinados lácteo y pesquero, plantas de cemento y tecnología checa y japonesa para generación eléctrica. Para mediados de los años 80, más de la mitad de la producción provincial era de origen industrial, un cambio derivado de la decisión política inicial.
La gestión del Che se caracterizó por la supervisión directa. Se han documentado once visitas a la provincia, incluyendo inspecciones a la Central de Azúcar a Granel “Tricontinental”, la fábrica “Pro-Cuba” en Cruces y la Hidroeléctrica Hanabanilla. Un ejemplo destacado fue el rescate de la Papelera Damují en Abreus. La planta estaba inconclusa y abandonada por su propietario, quien se llevó la documentación técnica. El Che evaluó personalmente las obras en 1961 y organizó el grupo de trabajo para finalizarla, logrando que la planta arrancara en octubre de 1962.
En el sector energético, el 1ro de junio de 1961, Guevara inauguró la Central Termoeléctrica de Bandeste (Frank País García). Esta obra fue fundamental para demostrar la capacidad del país de generar energía con recursos propios, especialmente en un contexto donde tres cuartas partes de los ingenieros de la Compañía Eléctrica habían abandonado el país. Para 1975, gracias a la formación acelerada de personal técnico, la capacidad de generación se había triplicado respecto a 1958.
Cienfuegos también sirvió como escenario de operaciones discretas. A principios de 1964, el Hotel Jagua albergó a Tamara Bunke, conocida como Tania la Guerrillera, durante la “Operación Fantasma”. Este ejercicio de once días fue un entrenamiento clandestino para probar su capacidad de operar bajo identidad falsa antes de su misión en Bolivia.
Hoy, este legado se mantiene vivo a través de la Jornada Camilo-Che, celebrada anualmente del 8 al 28 de octubre. Mediante la labor de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba y visitas pedagógicas de estudiantes a las fábricas, se busca conectar la figura del Che con la realidad técnica y productiva, entendiendo su rol como un gestor que buscó corregir desigualdades territoriales a través de la industria y el trabajo calificado.






