En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Alimentación, cada 16 de octubre, el mundo se enfrenta a una contradicción creciente: mientras el interés por mantener una alimentación equilibrada y saludable se incrementa, las restricciones económicas dificultan que una parte considerable de la población pueda acceder a ella. Bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, la fecha que recuerda la creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 1945, pone de relieve la brecha entre la intención nutricional y la capacidad adquisitiva.
La magnitud de esta problemática se refleja en cifras globales alarmantes. De acuerdo con el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo“ (SOFI 2026), desarrollado conjuntamente por la FAO, el FIDA, UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud, durante el año 2025 un total de 645 millones de personas pasaron hambre, lo que representa el 7,8% de la población mundial. Paralelamente, la incapacidad de costear una dieta saludable afecta a 2.690 millones de personas, aproximadamente un tercio de la humanidad.
Esta paradoja es especialmente aguda en América Latina y el Caribe. Si bien la región ha logrado reducir la incidencia del hambre hasta el 4,8% de su población —unos 32 millones de personas—, registra el costo más elevado del mundo para acceder a una dieta saludable. Se estima que el gasto diario por persona, medido en paridad de poder adquisitivo, es de US$4,91, lo que provoca que el 25,7% de los habitantes de la zona no pueda financiar este tipo de alimentación.
Este escenario económico está impactando directamente en los hábitos de consumo cotidianos. El Barómetro de Alimentación FOOD 2026 de Edenred, que encuestó a 55.468 trabajadores y 1.035 operadores de restaurantes en 21 países (incluyendo a 1.369 trabajadores y 94 operadores en Chile), revela que el 82% de los empleados reduciría sus visitas a restaurantes si los precios continúan subiendo.
La presión financiera ya es visible en el sector gastronómico. En los últimos doce meses, el 35% de los restaurantes encuestados reportó una caída en la afluencia de clientes, un incremento de cuatro puntos porcentuales respecto a 2025. En consecuencia, el criterio de elección para los consumidores ha cambiado: el 86% prioriza la relación entre precio y calidad, seguida por la calidad de los productos y el precio de las comidas, ambos con un 78%.
A pesar de las limitaciones económicas, la demanda por opciones saludables sigue creciendo. El 77% de los trabajadores afirma prestar mayor atención a una dieta equilibrada y el 76% espera que los restaurantes ofrezcan platos más sanos, cifra que en América Latina sube al 83%. Sin embargo, existe una brecha financiera crítica: el 73% de los trabajadores señala que podría mejorar la calidad de su alimentación si sus beneficios de alimentación se duplicaran, mientras que un 34% admite que, sin dicho apoyo, sus hábitos serían menos saludables.
Desde la perspectiva de los establecimientos, el 53% ha notado un aumento en la demanda de comidas saludables, comparado con el 40% en 2023. No obstante, la implementación de estas opciones es compleja, ya que el 63% de los operadores considera que producir platos saludables implica un costo más alto, y solo el 42% lo ve como una oportunidad relevante para incrementar sus ingresos.
Ante este panorama, Gonzalo Silva, gerente general de Edenred Chile, destaca la importancia de los beneficios de alimentación para sostener el poder adquisitivo de los trabajadores y fomentar el flujo de clientes en los restaurantes. El estudio indica que el 80% de los trabajadores globalmente considera que estos beneficios mejoran su presupuesto y el 67% los toma en cuenta al elegir dónde almorzar. Por su parte, el 64% de los comercios afirma que estos mecanismos impactan positivamente en sus negocios.
A las preocupaciones económicas y nutricionales se suma la problemática del desperdicio de alimentos. El 74% de los trabajadores manifiesta inquietud al respecto y el 70% busca restaurantes que adopten medidas contra este problema. En respuesta, el 78% de los establecimientos declara implementar acciones para reducir residuos, tales como permitir que los clientes se lleven la comida sobrante o mejorar la gestión de las preparaciones.
Finalmente, la dificultad de acceso a dietas saludables ha impulsado un debate sobre la estructura de producción global. La organización Animal Interseccional cuestiona que el enfoque sea solo aumentar la producción, sugiriendo analizar qué se produce y quién tiene acceso. Citando un estudio de la Universidad de Minnesota, señalan que el 36% de las calorías de los cultivos mundiales se destinan a alimentar animales, de las cuales solo una fracción llega al humano. Jesica Bon Denis, directora ejecutiva de la organización, propone aumentar la incorporación de proteínas vegetales en comedores públicos y sectores populares a través de programas como Agenda Verde y Comunidad que Nutre, subrayando la contradicción de que América Latina produzca alimentos para el mundo mientras que comer sano sea más caro en esta región que en cualquier otra.






