Brasil marca un nuevo rumbo político. Flávio Bolsonaro ha obtenido el triunfo sobre Lula da Silva en la primera vuelta electoral, consolidando el avance y la naturalización de la nueva derecha en América Latina.
Este resultado no solo apunta a la presidencia. El Partido Liberal ha asegurado una hegemonía legislativa contundente, obteniendo 121 diputados —treinta más que la coalición del PT— y 28 senadores, triplicando la presencia de la izquierda en la Cámara alta.
El fenómeno va más allá de un candidato; se trata de una dinastía. Junto a Flávio, han ganado las elecciones Carlos Bolsonaro como senador, Jair Renan como diputado y Michelle Bolsonaro, quien representará al Distrito Federal en el senado. Todo esto ocurre mientras el patriarca, Jair Bolsonaro, permanece preso por el intento de golpe de Estado de 2023.
En el plano internacional, se especula que Eduardo Bolsonaro, cercano a los círculos trumpistas y firmante de la Carta de Madrid junto a Javier Milei, José Antonio Kast y Santiago Abascal, podría encabezar la cancillería. Este alineamiento con Washington, bajo la Doctrina Monroe y el Escudo de las Américas, daría a la derecha una dimensión hemisférica y amplificaría el intervencionismo electoral de Donald Trump.
Frente a esta reorientación geopolítica, las respuestas de las izquierdas regionales se presentan fragmentadas y débiles. Un ejemplo citado es la ambivalencia de las izquierdas democráticas, como la mexicana, que recientemente votó a favor del régimen de Ortega y Murillo en la OEA.
El análisis concluye que existe un error de diagnóstico al asociar a estas nuevas derechas con el neoliberalismo tradicional, una confusión que dificulta la contención de este fenómeno global.
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