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El gesto solidario y secreto de Dani Olmo que terminó en ovación en Croacia

Croacia se rinde al jugador español tras hacerse pública una ayuda que hasta ahora el futbolista mantenía en secreto

El gesto solidario y secreto de Dani Olmo que terminó en ovación en Croacia

La rueda de prensa previa al encuentro entre Croacia y España, correspondiente a la cuarta jornada de la Nations League en Split, tuvo un protagonista que trascendió lo estrictamente deportivo. Dani Olmo, futbolista español y actual jugador del Barcelona, se convirtió en el centro de atención no por sus capacidades técnicas, sino por una acción solidaria que había mantenido en el anonimato durante años y que fue revelada recientemente.

El jugador, que desarrolló una etapa fundamental de su formación en el Dinamo de Zagreb, ha decidido devolver parte de lo recibido durante su estancia en ese país mediante la donación del 2% de su salario bruto anual. Esta ayuda económica está destinada a familias y jóvenes de Vukovar, una ciudad con una carga emocional y traumática profunda para el pueblo croata. La donación comenzó en el momento en que Olmo abandonó el fútbol croata para fichar por el RB Leipzig y ha continuado ininterrumpidamente durante su etapa en el club alemán y ahora en su paso por el FC Barcelona.

La información salió a la luz gracias a Andy Bara, representante del futbolista, quien reveló los detalles en el podcast Inkubator. Bara explicó que se trata de cantidades significativas debido al nivel salarial del jugador. El agente admitió que estaba divulgando algo que el propio Olmo nunca había querido publicitar, subrayando que el jugador no suele hablar de ello, pero que consideraba justo hacerlo público porque el futbolista "se lo merece".

Durante la rueda de prensa en Split, Olmo, quien domina el idioma croata con fluidez, admitió haberse sentido sorprendido por la filtración de la noticia. Al ser cuestionado sobre el motivo de sus donaciones, el jugador explicó que, tras marcharse del país, sentía que mantenía una deuda con Croacia y deseaba devolver algo de lo que había recibido. En su búsqueda de la mejor manera para saldar esa deuda, decidió dirigir su apoyo económico a las familias de Vukovar. Tras estas palabras, los periodistas croatas presentes en la sala respondieron con una ovación al futbolista.

Para comprender la magnitud del gesto de Olmo, es necesario analizar la importancia de Vukovar en la historia de Croacia. La ciudad fue escenario de uno de los episodios más oscuros de las guerras de Yugoslavia. Durante la primera fase del conflicto, Vukovar sufrió un asedio de 87 días, entre agosto y noviembre de 1991, por parte del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) y diversas fuerzas paramilitares de Serbia. La intensidad de la destrucción fue tal que la batalla fue comparada con Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, la ciudad barroca, que era una comunidad mixta y próspera, fue rodeada por 40.000 soldados del JNA, mientras que solo 2.000 combatientes de la Guardia Nacional croata defendieron la localidad.

El punto más crítico ocurrió el 20 de noviembre de 1991, en lo que se conoce como la masacre de Vukovar o la masacre de Ovčara. A pesar de los acuerdos para la evacuación de civiles y soldados, 261 hombres fueron sacados del hospital de Vukovar y trasladados a la granja de Ovčara, donde fueron golpeados y posteriormente fusilados en grupos, siendo enterrados en una fosa común. Este suceso es considerado el peor crimen de guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial hasta ese momento.

La fosa común fue descubierta en octubre de 1992 y exhumada en 1996 por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), recuperando 200 cadáveres. Las repercusiones legales llevaron a que Slavko Dokmanovic, alcalde serbio de la ciudad en aquella época, fuera acusado de crímenes de guerra, terminando su vida mediante el suicidio en prisión. Asimismo, oficiales del JNA fueron condenados y Slobodan Milosevic fue acusado de estos crímenes antes de su muerte en 2006.

A pesar de los procesos judiciales, el tema de Vukovar ha seguido siendo un punto de tensión entre Serbia y Croacia. En 2015, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que, aunque se cometieron graves crímenes, Croacia no pudo demostrar que hubiera habido un genocidio. Por su parte, Belgrado alegó limpieza étnica por la expulsión de 200.000 serbios de Croacia en 1995, aunque la Corte también determinó que las pruebas no eran concluyentes sobre la intención de destruir total o parcialmente a la población.

Hoy en día, Vukovar, reconstruida tras ser devuelta a Croacia en 1998, permanece como un símbolo de resistencia e independencia. Cada 18 de noviembre, miles de personas se reúnen allí para conmemorar la caída de la ciudad, un contexto que otorga un valor simbólico extraordinario a la ayuda económica que Dani Olmo ha brindado discretamente durante los últimos años.

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