El Gobierno de Nicaragua ha comunicado oficialmente su decisión de retirarse de manera inmediata del Parlamento Centroamericano (Parlacen). Esta medida se produce en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas, luego de que la Organización de Estados Americanos (OEA) emitiera duras críticas y exigencias dirigidas a la administración del presidente Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, instándoles a restaurar las libertades públicas en el territorio nicaragüense.
La notificación formal de este retiro fue realizada a través de un comunicado emitido por la Cancillería de Nicaragua. Dicho documento fue difundido la tarde del pasado sábado y distribuido a los diversos medios de prensa, dejando claro que la decisión del Ejecutivo es irrevocable y de aplicación instantánea.
En el documento oficial, el Gobierno nicaragüense explicó que ha decidido denunciar el Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano. Este tratado, que representa el pacto formal de integración legislativa regional, había sido suscrito originalmente en Guatemala el 2 de octubre de 1987. Según la postura oficial de Managua, esta acción de retiro formal se lleva a cabo en el ejercicio pleno de su soberanía, subrayando que la denuncia del acuerdo tendrá un efecto inmediato sobre su participación en el organismo.
Este movimiento diplomático surge como una respuesta directa a los acontecimientos ocurridos el pasado viernes, cuando los cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobaron, mediante un consenso general, una resolución dirigida específicamente al Gobierno de Nicaragua. En dicha resolución, el organismo internacional exige a las autoridades de Managua que tomen medidas concretas para restaurar las libertades fundamentales en el país.
Entre las demandas principales de la resolución aprobada por la OEA se encuentra la exigencia de liberar a decenas de personas catalogadas como presos políticos. Asimismo, el organismo internacional insta al Gobierno de Daniel Ortega a garantizar la celebración de elecciones libres y transparentes, en las cuales puedan participar todas las fuerzas políticas del país, asegurando así un proceso democrático inclusivo. Un detalle relevante de esta sesión es que no se registró ningún voto en contra por parte de los países centroamericanos, lo que refleja una postura coordinada en la región sobre la situación nicaragüense.
La exigencia de la OEA sobre la participación de todas las fuerzas políticas choca directamente con las declaraciones emitidas previamente por el mandatario nicaragüense. En el pasado mes de julio, Daniel Ortega anunció públicamente que en Nicaragua no se llevarían a cabo elecciones en las que intervengan personas a las que calificó como "golpistas", término que utilizó para referirse a los sectores de la oposición política.
Hasta el momento, el Gobierno de Nicaragua no ha respondido a los pedidos de comentarios adicionales solicitados para profundizar en los motivos políticos detrás de este retiro, más allá de lo expresado en el comunicado de la Cancillería sobre la soberanía nacional.
Para comprender el trasfondo de esta decisión, es necesario remitirse a la crisis política que atraviesa Nicaragua desde abril de 2018. En aquel periodo, el país fue escenario de una serie de protestas sociales que fueron reprimidas severamente por las fuerzas policiales. Esta represión ha dejado un saldo trágico que incluye más de 350 personas fallecidas, aproximadamente 2.000 heridos y miles de ciudadanos que han sido detenidos o se han visto obligados al exilio.
Con este retiro del Parlamento Centroamericano, el Gobierno de Nicaragua marca una distancia formal con el organismo regional, consolidando su postura frente a las presiones internacionales y las resoluciones emitidas por la OEA respecto a la situación de los derechos humanos y la democracia en el país.


