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Brasil define su futuro presidencial en un clima de polarización y alerta económica

Un informe advierte que el futuro del intercambio bilateral dependerá más del inevitable ajuste fiscal que deberá encarar el próximo gobierno brasileño que de la sintonía política con la gestión Milei.

Brasil define su futuro presidencial en un clima de polarización y alerta económica

Brasil se encamina a una jornada electoral decisiva este domingo, marcada por una paridad extrema que mantiene en vilo el escenario político regional. Los sondeos actuales revelan un empate técnico entre el actual presidente Lula y Flávio Bolsonaro, una situación que hace prácticamente inevitable la celebración de una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. Esta contienda no es solo una lucha por el poder ejecutivo, sino el reflejo de una sociedad profundamente dividida, donde la polarización ha alcanzado niveles absolutos. Ambos candidatos presentan niveles de rechazo cercanos al 50% y una aprobación que oscila alrededor del 45%, lo que ha cerrado cualquier posibilidad de que surja una tercera vía electoral capaz de romper el actual esquema.

Para la Argentina, el desenlace de estos comicios tendrá repercusiones políticas inmediatas y evidentes. Un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro significaría el inicio de una etapa caracterizada por una mayor afinidad ideológica con la administración de Javier Milei. Por el contrario, la continuidad de Lula en el Planalto implicaría mantener la distancia diplomática que ha prevalecido en los últimos años. Sin embargo, analistas de la consultora ABECEB sugieren que es fundamental diferenciar la esfera política de la comercial. Según explican, el intercambio bilateral entre ambos países transita por un carril paralelo, respondiendo a una lógica productiva que no suele verse alterada por los cambios de signo político en la Casa Presidencial brasileña.

En este sentido, Gustavo Pérego, director de la firma ABECEB, advirtió que el riesgo real para el comercio no emana de la política, sino de la macroeconomía. Brasil llega a este año electoral con una economía que muestra signos de recalentamiento, impulsada por un fuerte incremento del gasto público, un déficit nominal elevado y un crecimiento sustancial de su deuda. A este complejo cuadro se suma una presión inflacionaria constante, lo que ha obligado al Banco Central de Brasil a mantener una de las tasas de interés reales más altas a nivel global para contener los precios.

Debido a este panorama, los mercados financieros dan por sentado que el próximo mandatario, independientemente de su filiación política, se verá obligado a implementar un severo torniquete fiscal. La meta será conducir las cuentas públicas hacia un superávit primario de entre dos y tres puntos del Producto Bruto Interno (PBI) ya durante el primer año de gestión. Este ajuste es visto como una necesidad imperativa, aunque inevitablemente provocará un enfriamiento en el nivel de actividad económica del principal socio comercial de la Argentina.

El verdadero factor de riesgo reside en esa debilidad económica interna. Los expertos señalan que si el freno de la actividad en Brasil coincide, hacia el año 2027, con la volatilidad característica de las elecciones presidenciales argentinas, el impacto sobre el flujo comercial sería directo y significativo. Una desaceleración simultánea en ambos lados de la frontera es el escenario con mayor capacidad de contraer el intercambio, especialmente considerando que el presidente electo llegará al poder con un capital político limitado frente a un Congreso que se muestra cada vez más autónomo.

En cuanto a la situación actual del comercio, las cifras muestran una mejora en los números para el país. El déficit comercial de Argentina con Brasil se redujo drásticamente a 1.635 millones de dólares entre enero y agosto, y se proyecta que el cierre del año se sitúe en torno a los 2.500 millones, una cifra que representa menos de la mitad de lo registrado el año pasado. No obstante, esta corrección responde casi exclusivamente a un derrumbe del 17,2% en las importaciones argentinas, provocado por la recesión local, mientras que las exportaciones solo mostraron un leve repunte del 4,1%.

La relación comercial sigue teniendo como columna vertebral al sector automotriz, que representa cerca del 40% del intercambio en ambas direcciones. Brasil continúa siendo el destino excluyente para las pick-ups medianas fabricadas en Argentina. En sentido contrario, el ingreso de automóviles brasileños al mercado argentino ha caído, producto del achicamiento del consumo interno y la fuerte irrupción de vehículos de origen chino.

En otros rubros, la Argentina ha logrado ganar terreno en las ventas de energía y productos lácteos. Sin embargo, ha cedido posiciones históricas en la exportación de trigo, debido a que Brasil ha diversificado sus compras hacia mercados como Rusia y Estados Unidos.

Mirando hacia el futuro, el informe macroeconómico anticipa para Brasil un crecimiento moderado del 1,9% durante los próximos dos años, impulsado fundamentalmente por el sector agropecuario. Con una inflación que cerraría el año cerca del techo del 5% y una política monetaria restrictiva, la solidez del gigante sudamericano se apoyará en un creciente superávit comercial global, el cual ha permitido blindar el tipo de cambio y sostener el desempleo en niveles mínimos.

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