"¿Cuánto vale la vida de un hombre?". Esta fue la pregunta que formuló Loïk Le Priol, el principal acusado del crimen de Federico Martín Aramburú, poco antes de que el tribunal de París dictara sentencia.
El Tribunal en lo Criminal de París condenó a Le Priol a 26 años de prisión por homicidio y a Romain Bouvier a 19 años por tentativa de homicidio. Un punto clave del veredicto fue la calificación de los hechos: el jurado determinó que, aunque hubo intención de matar, no existió premeditación, lo que evitó que fueran condenados por asesinato, delito que en Francia puede conllevar cadena perpetua.
El proceso reveló perfiles perturbadores. Le Priol, un exmilitar, fue cuestionado por el uso de referencias neonazis, mientras que Bouvier fue descrito como un coleccionista de armas. Además, Lyson Rochemir y Antony Sorrentino fueron condenados a tres años de prisión, mayormente en suspenso, por ocultación y destrucción de pruebas.
El juicio estuvo marcado por el desgarrador testimonio de María Aramburú y la postura de la madre de la víctima, Cecilia, quien afirmó que el fascismo mató a su hijo, vinculando el perfil de los acusados con la violencia paramilitar vivida en Argentina en la década de los 70.
Incluso la defensa de los principales acusados sorprendió al calificar a sus clientes de "estúpidos" y "cretinos" por su paso por grupos de extrema derecha.
Tanto los condenados como la fiscalía disponen ahora de diez días para presentar un recurso de apelación si consideran que las penas impuestas no son adecuadas.
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