La firma norteamericana StoneX, reconocida red global de servicios financieros y corretaje, ha anunciado la estructuración de un proyecto estratégico destinado a la conversión de usinas de caña de azúcar en plantas industriales con capacidad para producir etanol también a partir del maíz. Esta iniciativa busca optimizar la infraestructura existente en el sector sucroenergético brasileño, permitiendo una transición hacia un modelo de producción más flexible y eficiente.
De acuerdo con la información proporcionada por la empresa, la inversión requerida para la adaptación de cada planta puede oscilar entre los 400 millones y los 1.200 millones de reales. No obstante, StoneX advierte que este techo financiero podría ser superado en aquellos casos donde el porte de la planta sea significativamente mayor, lo que implica que el costo final dependerá estrictamente de la escala y las necesidades técnicas de cada unidad.
Geográficamente, la concentración inicial de estos proyectos se llevará a cabo en el estado de São Paulo y en zonas próximas a Mato Grosso. Esta elección no es casual, ya que se trata de regiones donde las fronteras agrícolas de la caña de azúcar y el maíz tienden a aproximarse, facilitando la logística de abastecimiento de materias primas.
La motivación principal detrás de esta inversión es combatir la estacionalidad inherente al cultivo de la caña. José Luiz Mendes, consultor de estrategia y M&A de StoneX, explicó que la planta de caña es sazonal, operando generalmente desde enero hasta mayo o junio, lo que deja la infraestructura inactiva durante seis o siete meses al año mientras se espera que la caña crezca nuevamente para iniciar un nuevo ciclo de corte. Ante este escenario, StoneX identificó una oportunidad de inversión fabril relevante para que las plantas puedan operar con maíz durante este periodo de entressafra, eliminando los tiempos muertos de la industria.
Para ejecutar este ambicioso plan, StoneX trabaja en colaboración con Aplus Engenharia y Prata Biosoluções. El proceso de implementación se ha dividido en tres etapas fundamentales. La primera fase consiste en un análisis exhaustivo de la disponibilidad y el costo del maíz en la región específica donde se encuentra instalada la usina. Una vez superado este paso, se procede a la segunda etapa, que evalúa la viabilidad técnica de la adaptación industrial, tomando en cuenta la estructura ya existente en la planta de caña para minimizar costos y optimizar el espacio. Finalmente, la tercera etapa se centra en la estructuración financiera del proyecto y la búsqueda del capital necesario para viabilizar la inversión.
StoneX ha enfatizado que cada caso requiere un análisis individualizado. Variables críticas como el tiempo de retorno de la inversión (payback) y el escenario de la safra dependen de datos específicos que la empresa sostiene estar levantando actualmente.
Este movimiento se produce en un contexto de expansión acelerada del etanol de maíz en territorio brasileño. Según datos de la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), se estima que la producción de combustible a partir de granos para la safra 2026-2027 alcance los 11.910 millones de litros, lo que representaría un incremento del 17% respecto al ciclo anterior. Si se suma la producción de caña, la proyección total de etanol asciende a 41.880 millones de litros, posicionando al etanol de maíz cerca del 30% del volumen nacional.
Actualmente, el modelo de "usina flex" ya es una realidad en el país. De acuerdo con la Unión de la Industria de Caña de Azúcar y Bioenergía (Unica), existen 12 unidades en actividad: diez ubicadas en el Centro-Sul y dos en el Nordeste. Estas plantas responden hoy por hasta el 6% del etanol nacional, habiendo producido entre 1.800 y 2.200 millones de litros en el ciclo 2025/26. Mato Grosso destaca como el estado donde estas plantas son más frecuentes debido a la superposición de las áreas de cultivo de maíz y caña.
Felipe Prata, CEO de Prata Biosoluções, describe este fenómeno como el "próximo boom" dentro del sector sucroenergético. Según su análisis, el estudio del maíz como alternativa representa una palanca de negocio capaz de devolver el protagonismo al segmento sucroenergético a través de una diversificación productiva y financiera.





