La reciente llegada a Netflix de la serie “Monster: The Lizzie Borden Story” ha puesto nuevamente sobre la mesa dos de los casos criminales más comentados de la historia estadounidense. La producción, creada por Ryan Murphy, entrelaza la historia de Lizzie Borden, acusada de asesinar a su padre y madrastra en 1892, con la de Aileen Wuornos, la asesina en serie condenada por la muerte de siete hombres en Florida entre 1989 y 1990.
En la trama, la acción se desplaza en algunas escenas desde el siglo XIX hasta la década de 1980, mostrando una visita de Wuornos a la antigua casa de Lizzie Borden, la cual ya había sido convertida en un hostal y museo. Sin embargo, es fundamental aclarar que este encuentro es una licencia creativa de los productores. No existen registros históricos que indiquen que Wuornos estuviera obsesionada con los crímenes de Borden, ni pruebas de que haya visitado Massachusetts, ya que la vida adulta de la asesina transcurrió casi en su totalidad en Florida.
Para comprender la magnitud de la figura de Aileen Wuornos, es necesario analizar la trayectoria de una vida marcada por la tragedia. Nacida el 29 de febrero de 1956 en Rochester, Michigan, Wuornos fue abandonada por su madre, Diane, cuando tenía apenas cuatro años. Tras este hecho, ella y su hermano Keith fueron adoptados por sus abuelos maternos, quienes padecían problemas de alcoholismo.
La situación familiar se agravó debido a la inexistente relación con su padre, Leo Pittman. Pittman, quien fue sentenciado a cadena perpetua en 1967 por el secuestro y abuso sexual de una niña de siete años, se suicidó en prisión en 1969. En el entorno doméstico, Aileen sufrió agresiones sexuales y golpes por parte de su abuelo. A los 11 años, la precariedad la llevó a tener relaciones sexuales con compañeros de clase a cambio de comida, drogas y cigarrillos. A los 14 años quedó embarazada y entregó a su hijo en adopción; poco después, a los 15 años, abandonó la escuela y fue expulsada de casa por su abuelo, comenzando una vida de intemperie y prostitución.
Durante los siguientes 15 años, Wuornos se trasladó a Florida, donde acumuló diversos antecedentes penales por peleas en bares, conducción bajo los efectos del alcohol, emisión de cheques sin fondos y un robo a mano armada en una tienda, hecho que la llevó a prisión durante un año hasta 1983. Un periodo de relativa estabilidad ocurrió en 1986, cuando inició una relación sentimental con Tyria Moore, una camarera de motel de 24 años en Daytona Beach.
Sin embargo, el punto de inflexión ocurrió en 1989. En un lapso de 12 meses, Wuornos asesinó a siete hombres, todos automovilistas de entre 40 y 65 años. El primer crimen fue el de Richard Mallory el 30 de noviembre de 1989. Wuornos testificó posteriormente que actuó en defensa propia tras ser golpeada y violada por el sujeto. De las otras seis víctimas, cinco fueron asesinadas con una pistola calibre .22, mientras que el cuerpo de Peter Abraham Siems, desaparecido en junio de 1990, nunca fue localizado.
El arresto de Wuornos se produjo el 9 de enero de 1991 en un bar del condado de Volusia, Florida. La policía logró cerrar el cerco gracias a testimonios de testigos y huellas dactilares en objetos empeñados. La pieza clave fue Tyria Moore, quien, a cambio de inmunidad, ayudó a la policía a obtener una confesión mediante llamadas telefónicas. El 16 de enero de 1991, Wuornos admitió los crímenes, sosteniendo que mató a los hombres en defensa propia ante intentos de violación.
Debido a la naturaleza de sus crímenes, el FBI designó a Aileen Wuornos como la primera mujer con la etiqueta de asesina en serie. Tras el juicio iniciado en enero de 1992, fue condenada a la pena capital por la muerte de Richard Mallory. Para febrero de 1993, ya había recibido seis sentencias de muerte.
El final de Wuornos llegó el 9 de octubre de 2002, cuando fue ejecutada mediante una inyección letal. En sus últimos momentos, rechazó la comida final y solicitó únicamente una taza de café. Fue la décima mujer ejecutada en Estados Unidos desde que la Corte Suprema restableciera la pena capital en 1976. Sus cenizas fueron esparcidas bajo un árbol en Michigan y, según su petición, en su funeral sonó la canción “Carnival” de Natalie Merchant.
La fascinación pública por Wuornos ha generado múltiples obras audiovisuales. Desde el documental de Nick Broomfield, “Aileen: Life and Death of a Serial Killer” (2003), y la producción de Netflix “Aileen: Queen of the Serial Killers” (2025), hasta la película “Aileen Wuornos: American Boogeywoman” (2021). La representación más destacada fue la de Charlize Theron en la película “Monster” (2003), que le valió el Oscar a mejor actriz principal. Actualmente, Sarah Paulson asume el papel en la nueva serie de Netflix, aportando una visión ficticia que, aunque no se base en hechos reales respecto a Lizzie Borden, resalta el impacto del legado de Wuornos en la sociedad.





