En la actualidad, es sumamente común experimentar diversas molestias oculares. La picazón, el enrojecimiento, la irritación o una persistente sensación de sequedad en los ojos son síntomas que afectan a una gran parte de la población. Estas afecciones pueden originarse por múltiples factores, que van desde la exposición a la contaminación ambiental y el polvo, hasta los cambios bruscos de clima, reacciones alérgicas, el uso prolongado de pantallas digitales o la presencia de diversas enfermedades oculares.
Ante la aparición de estos síntomas, existe una tendencia recurrente entre las personas: acudir a la recomendación de familiares o amigos para utilizar gotas oftálmicas que a otros les hayan funcionado. Sin embargo, esta práctica es riesgosa. El Dr. Carlos Siverio Llosa, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión, advierte enfáticamente que el hecho de que una gota haya aliviado a una persona no garantiza que sea la adecuada para otra. Según el especialista, el tratamiento debe basarse estrictamente en la causa que está originando la molestia, ya que un mismo síntoma puede tener orígenes completamente diferentes.
La complejidad reside en que las gotas oftálmicas no son un producto único, sino que pueden contener diversos principios activos. Entre ellos se encuentran los lubricantes, antibióticos, antihistamínicos, vasoconstrictores y corticoides. Cada uno de estos grupos tiene indicaciones específicas y, lo más importante, riesgos diferenciados. En este sentido, la Cleveland Clinic recomienda que la elección del producto se realice siempre de acuerdo con la causa real del problema, subrayando la importancia de no sustituir una evaluación médica profesional cuando existen síntomas que requieren un tratamiento específico.
Más allá de la posibilidad de recibir un tratamiento inadecuado, el Dr. Siverio advierte sobre los peligros de compartir los colirios. Esta acción puede favorecer la contaminación del envase, especialmente si la punta del aplicador entra en contacto con las pestañas, los párpados, secreciones oculares u otras superficies. Por esta razón, tanto los colirios como los ungüentos oftálmicos deben utilizarse de manera estrictamente individual y siguiendo rigurosamente las instrucciones de conservación y descarte proporcionadas por el fabricante. Asimismo, se recuerda a los usuarios que el periodo de validez del producto después de abrir el envase puede ser significativamente menor que la fecha de vencimiento impresa en la caja.
Uno de los puntos más críticos es el uso de corticoides oftálmicos. Si bien son efectivos para tratar ciertas inflamaciones, bajo ninguna circunstancia deben emplearse por cuenta propia. El uso prolongado o inadecuado de los corticoides puede provocar el aumento de la presión intraocular, favorecer la aparición de glaucoma y acelerar la formación de cataratas. Además, estos medicamentos pueden enmascarar o incluso empeorar algunas infecciones, incluyendo aquellas provocadas por ciertos virus. Debido a estos riesgos, su indicación y el tiempo de uso deben ser supervisados permanentemente por un oftalmólogo.
Por otro lado, se encuentran las gotas antibióticas. Estas están diseñadas exclusivamente para combatir infecciones de origen bacteriano y resultan totalmente inútiles contra las conjuntivitis virales. Al respecto, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos señalan que los antibióticos no mejoran la conjuntivitis viral, ya que el tratamiento depende enteramente de la causa. Usar estos medicamentos sin un diagnóstico previo no solo no resolverá la molestia, sino que podría retrasar la atención médica correcta.
En cuanto a los colirios descongestionantes, su función es reducir temporalmente el enrojecimiento al contraer los vasos sanguíneos de la conjuntiva. No obstante, el uso frecuente de ciertas formulaciones puede llevar a que el medicamento pierda eficacia y provoque el fenómeno conocido como "enrojecimiento de rebote" una vez que se suspende su uso. Por ello, los especialistas advierten que no deben utilizarse de manera indiscriminada con fines meramente cosméticos.
Finalmente, aunque las lágrimas artificiales son útiles para aliviar la sequedad e irritación, existen diversas formulaciones y no todas son aptas para todos los pacientes. Si la sequedad es recurrente, persistente o se acompaña de dolor, fotofobia o cambios en la visión, es fundamental buscar una evaluación profesional en lugar de intentar aumentar la frecuencia o variedad de gotas por iniciativa propia.
Tanto el Dr. Siverio como el CDC coinciden en las señales de alarma que obligan a una consulta inmediata: dolor ocular intenso, sensibilidad marcada a la luz (fotofobia), secreción abundante, disminución o cambios en la visión y síntomas que empeoran o persisten. Ante estas señales, la recomendación es tajante: no aplicar ninguna sustancia o medicamento por cuenta propia, ya que esto podría agravar severamente la condición del paciente.






