En el distrito de San Borja, una situación doméstica ha puesto de manifiesto un conflicto común en parejas de larga data: el agotamiento emocional derivado de la atención constante a quejas de salud que no tienen un fundamento médico real. Teresa, una mujer de 57 años, ha compartido su testimonio sobre la compleja dinámica que mantiene con su esposo, con quien lleva 29 años de matrimonio, revelando cómo la repetición de malestares físicos puede erosionar la paciencia y la armonía en el hogar.
Según relata la mujer, el problema central radica en la tendencia de su marido a convertir cualquier molestia física mínima en el eje central de la convivencia familiar. Teresa describe un patrón donde el hombre manifiesta sus achaques de manera reiterativa; por ejemplo, si presenta un dolor de espalda, es capaz de mencionarlo hasta cinco veces en un corto periodo. Este comportamiento se extiende a otras áreas, como quejas constantes sobre la calidad del sueño o malestares digestivos después de comer, esperando siempre que su esposa se mantenga pendiente de su evolución.
Lo que hace que esta situación sea particularmente frustrante para Teresa es la ausencia de una patología diagnosticada. El esposo se somete a sus chequeos médicos regulares y los profesionales de la salud le han confirmado que se encuentra bien. Incluso, el hombre mantiene hábitos saludables, como realizar ejercicio físico en algunas ocasiones. A pesar de contar con un estado de salud estable, cualquier pequeña molestia es amplificada, interfiriendo en los momentos de esparcimiento de la pareja. Teresa menciona que actividades cotidianas, como ver una película, se ven interrumpidas porque él decide poner pausa debido a un dolor, o que las salidas a comer se ven opacadas por sus comentarios sobre el estado de su estómago.
La respuesta de Teresa ante esta situación ha evolucionado con el tiempo. En un principio, ella abordaba estas quejas desde el afecto y la preocupación, brindándole cuidados básicos como la preparación de infusiones, preguntando por su estado y tratando de ayudarlo a sentirse mejor. Sin embargo, la persistencia de este ciclo ha llevado a la mujer a un estado de saturación. Actualmente, Teresa confiesa que su reacción inmediata al escuchar una queja es pensar "otra vez con lo mismo", un sentimiento que posteriormente le genera culpa, ya que considera que no debería reaccionar con fastidio hacia su pareja.
Este cambio de actitud no ha pasado inadvertido para el esposo. Recientemente, él le ha manifestado que la siente fría y que percibe una disminución en la preocupación que ella sentía por él en el pasado. Esta percepción añade una carga emocional adicional a Teresa, quien se encuentra atrapada entre el deseo de no convertirse en una esposa indiferente y la necesidad imperiosa de dejar de vivir pendiente de cada malestar reportado por su marido. La mujer ha expresado su temor a pasar los próximos años de su vida escuchando quejas constantes, buscando una manera de establecer límites sin que su esposo interprete dicha acción como una falta de amor o interés.
Ante este escenario, la Doctora Magaly ha brindado una orientación enfocada en la salud mental de la cuidadora y la autonomía del paciente. El consejo profesional subraya que preocuparse por el cónyuge no debe confundirse con estar disponible permanentemente para atender cada molestia durante todo el día. La estrategia sugerida consiste en cambiar la dinámica de respuesta: cuando aparezca una queja frecuente, Teresa puede preguntar a su esposo qué piensa hacer al respecto, trasladando la responsabilidad de la gestión de la salud al propio interesado. De esta manera, se fomenta que él sea quien busque atención médica si realmente considera que la necesita.
Finalmente, la recomendación experta enfatiza la importancia de la comunicación asertiva. Se sugiere que Teresa le exprese a su esposo que, si bien desea acompañarlo y apoyarlo, las quejas constantes están afectando negativamente la convivencia diaria. El objetivo es lograr un equilibrio donde el amor y el cuidado persistan, pero sin sacrificar la tranquilidad mental de la pareja ni fomentar una dependencia basada en síntomas inexistentes.






