El expresidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, ha planteado una propuesta para diversificar la economía peruana mediante el desarrollo de la industria naval, utilizando como referencia el éxito alcanzado por la agroindustria en las últimas décadas. Según el exmandatario, el crecimiento de este sector fue posible gracias a los incentivos fiscales establecidos en la denominada ley “Chlimper”, promovida por José Chlimper durante los últimos meses del gobierno de Alberto Fujimori.
Kuczynski sostiene que, aunque actualmente existen críticas políticas hacia dicha ley, estas se basan en interpretaciones erróneas sobre el rol del Estado en la promoción de actividades económicas. El argumento de quienes critican la norma sugiere que los agroexportadores, al haber alcanzado la riqueza, ya no requieren incentivos fiscales. No obstante, el expresidente señala que esta postura ignora los graves obstáculos que enfrentaron los inversionistas hace más de 20 años, tales como la inestabilidad de los títulos de propiedad, la falta de crédito bancario para el agro y las consecuencias de la reforma agraria, la cual califica como una confiscación agraria.
De acuerdo con el análisis de Kuczynski, sin esos incentivos fiscales, los esfuerzos de promoción habrían fracasado ante las barreras existentes. La agroindustria no solo ha logrado consolidarse, sino que genera anualmente empleo para miles de personas y dinamiza sectores aledaños, incluyendo el transporte y la fabricación de fertilizantes, cartones y empaques de plástico. En este sentido, advierte que la promoción de la inversión en el país se enfrenta actualmente a una corriente de demagogia y conceptos equivocados.
Bajo esta premisa, el expresidente propone que el Perú debería aprovechar sus 2,500 kilómetros de costa marítima y la fuerza laboral experimentada en la pesca para fomentar la industria naval. Esta propuesta se enmarca en el contexto del “nuevo escudo” que Estados Unidos busca construir en las zonas de América Latina que mantienen buenas relaciones con dicho país. Kuczynski recuerda que el Perú tiene una trayectoria en este ámbito, desde la construcción de bolicheras pesqueras hasta la operación de astilleros, destacando al Servicio Industrial de la Marina (SIMA) como el más importante.
El exmandatario reconoce que competir con los gigantes globales como China y Corea del Sur en la construcción de barcos comerciales es sumamente difícil. Asimismo, analiza la situación de Estados Unidos, cuya industria naval se ha concentrado en buques de guerra sofisticados y costosos, dejando de lado lo comercial. Atribuye parte de este declive a la ley Jones Act de 1920, la cual prohíbe el comercio entre estados norteamericanos en barcos que no tengan bandera, construcción y tripulación de ese país, lo que ha encarecido el transporte hacia Alaska, Hawái y Puerto Rico.
Para impulsar la industria naval peruana, Kuczynski identifica tres factores clave. En primer lugar, la extensión de la costa y la modernización portuaria iniciada hace dos décadas, que ha visto el crecimiento de puertos como Paita, Salaverry, Pisco y Matarani, con proyectos futuros en Chimbote, Eten y Corío. Menciona que el acuerdo firmado en 2006 con DP World impulsó un desarrollo portuario ventajoso para la nación. En segundo lugar, destaca la experiencia local en ingeniería y maestranza naval. Finalmente, resalta la existencia de un acuerdo con Hyundai, uno de los astilleros más importantes del mundo, para promover la construcción naval en el país.
Para concretar este proyecto, el expresidente señala la necesidad de acceder al mercado estadounidense, lo que implicaría una revisión del acuerdo de libre comercio negociado en 2006. Asimismo, indica que se requiere mejorar la infraestructura mediante la construcción de uno o dos diques secos de mayor tamaño que los actuales del SIMA, tarea en la que podrían colaborar el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos y la empresa coreana Hyundai.
Desde una perspectiva operativa, Kuczynski plantea una síntesis económica pragmática: la adquisición de planchones para los cascos de los buques provenientes de China, mientras que los motores y la electrónica serían suministrados por Estados Unidos y Europa. Considera que esta combinación, aunque pueda parecer irreal desde un punto de vista político, es factible económicamente.
Finalmente, el expresidente argumenta que Estados Unidos tendría interés en este desarrollo para fortalecer al Perú debido a su ubicación estratégica para la seguridad del Pacífico oriental. Además, resalta el beneficio social de este proyecto, ya que permitiría la tecnificación de la juventud peruana, orientándola hacia carreras de ingeniería concretas y mejor remuneradas en lugar de estudios menos prometedores.




