En San Sebastián, existe un lugar donde el glamour de la gran pantalla se mezcla con la cotidianidad de los pasillos y la recepción. El hotel María Cristina no es solo un establecimiento de lujo, sino el verdadero "backstage" del Festival de San Sebastián, el espacio donde las estrellas dejan huella, a veces de forma deliberada y otras por accidente.
La actividad reciente en el hotel comenzó a intensificarse sobre las 17:30 de la tarde, cuando el griterío a las puertas alertó sobre la llegada del actor estadounidense Rami Malek. El intérprete regresaba a su suite tras almorzar en Arzak, el emblemático restaurante donostiarra de tres estrellas Michelin. En esta ocasión, Malek mostró cercanía con sus seguidores, saludando a los fans que se agolpaban solicitando firmas, fotografías o una sonrisa antes de subir rápidamente las escaleras de acceso. Una vez en el hall, lejos de las cámaras, se le vio departiendo animadamente con el personal de recepción, aunque mantuvo sus gafas de sol puestas. Un detalle que no pasó inadvertido fueron sus zapatillas marrones de Saint Laurent, las cuales describió como "comodísimas".
El flujo de celebridades no se detuvo ahí. En el mismo espacio coincidieron Fernando Trueba, quien presenta su nueva película musical "Bajañí" en la Sección Oficial fuera de concurso, y los hermanos Juan Antonio y Carlos García Bayona. Estos últimos cumplen una doble función en el certamen: la presentación de la serie documental "Más allá de la sociedad" y la entrega del Premio Donostia a Naomi Watts.
La actividad se extendió a las suites de la primera planta. El director canadiense Ben Shirinian, realizador de "The Housewife", utilizó su estancia para resolver una duda gastronómica fundamental: dónde degustar la famosa tarta de queso donostiarra, siendo la respuesta la taberna "La Viña" en la Parte Vieja, abierta desde 1959. Posteriormente, Shirinian concedió una entrevista junto a la actriz Lena Olin, encuentro acompañado por dos cafés americanos cuyo ticket ascendió a 24,20 euros, reflejando el coste de un servicio premium.
El ambiente alcanzó un nuevo nivel de intensidad con la llegada de "Los Javis" —Javier Ambrossi y Javier Calvo—, quienes se preparan para presentar en España "La Bola Negra", producción con aspiraciones a los Oscar. Casi simultáneamente, la alfombra roja se iluminó con la presencia de Penélope Cruz, que paseaba hacia el Teatro Victoria Eugenia con motivo de su película "The invite".
Por escasos instantes, Cruz no se cruzó con Naomi Watts, quien se dirigía al Kursaal para recibir su galardón tras haber almorzado en el restaurante Zelai Txiki, establecimiento que también atendió previamente a Orlando Bloom y Werner Herzog. Watts, luciendo un vestido negro de Chanel adornado con dos camelias, recibió el Premio Donostia de manos de Juan Antonio Bayona. El director dedicó unas palabras cargadas de emoción, agradeciéndole por haber confiado en él cuando era un joven director "muerto de miedo". Watts, visiblemente emocionada y con lágrimas en los ojos, confesó ante el auditorio que, aunque hace 30 años tenía sueños, nunca imaginó que la llevarían tan lejos.
Esta dinámica de estrellato no es nueva para el María Cristina. Desde 1953, cuando se alojó la primera celebridad internacional, Gloria Swanson, el hotel ha sido refugio de leyendas. Alfred Hitchcock, en 1958, solicitó que nadie entrara en su habitación durante tres días mientras presentaba "Vértigo", teniendo como única compañía una botella de Jerez. En 1973, Elizabeth Taylor llegó al hotel tras la pérdida de su maleta en el aeropuerto.
Uno de los episodios más recordados es la estancia de Bette Davis en 1989. A sus 81 años y gravemente enferma, la actriz llegó para recibir el Premio Donostia instalándose en la habitación 415 con 17 baúles de ropa. Davis impuso exigencias estrictas: agua destilada para desmaquillarse, televisión y un camarero a su disposición. Además, el hotel gestionó el traslado desde París de su maquillador de confianza, Michel, por un coste de 450.000 pesetas. Aquella fue su última aparición pública, pues falleció dos semanas después en París.
El historial del hotel incluye también a Catherine Deneuve, quien en 1995 intentó evitar a los fotógrafos entrando por la puerta de la lavandería, y a Mickey Rooney, quien esperó un encuentro con Lana Turner en el hall, situación que la gerencia del hotel resolvió organizando una entrevista improvisada en el jardín. Así, el María Cristina continúa siendo el epicentro donde el cine se vive más allá de las pantallas.






