El Festival de San Sebastián ha dado comienzo este viernes a su 74 edición con una gala inaugural que ha equilibrado el reconocimiento al talento cinematográfico con una marcada carga reivindicativa. El evento estuvo definido por dos ejes principales: el emotivo reconocimiento a José Luis Rebordinos, quien encabeza su última edición como director del certamen, y un contundente alegato en defensa de la libertad, la memoria y el cese de los conflictos bélicos.
Durante la ceremonia, las presentadoras Fariba Sheikhan y Mariona Terés utilizaron el escenario para lanzar un mensaje de solidaridad internacional, pidiendo el fin de los "genocidios", con una mención explícita a la situación en Gaza. Asimismo, el festival expresó su apoyo a los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, creadores del documental 'Naza' que participa en la sección Perlak, quienes se encuentran actualmente amenazados por el gobierno de Israel. "Nos sumamos a las muchas voces que piden poner fin a los genocidios, en Gaza continúa uno, a las rupturas unilaterales de las reglas del orden internacional, a los saqueos colonialistas, a la violencia machista, a las guerras crueles que violan sistemáticamente los derechos humanos", declararon las presentadoras.
Uno de los hitos de la noche fue la entrega del Premio Donostia al cineasta alemán Werner Herzog. El galardón fue entregado por el actor Orlando Bloom, colaborador de Herzog en la película 'Bucking Fastard'. Bloom elogió la curiosidad insaciable del director alemán y su capacidad para explorar los límites entre la realidad y la ficción, así como los extremos de la naturaleza y el comportamiento humano, definiendo el cine de Herzog como una "aventura" impulsada por preguntas genuinas.
En su discurso de agradecimiento, Herzog calificó a Bloom como una "leyenda viviente" y un "tesoro del cine". El director aprovechó su intervención para resaltar su vínculo personal y profesional con el País Vasco, remontándose al rodaje de 'Aguirre, la cólera de Dios' en 1972 y recordando un viaje a pie por los Pirineos. Herzog mostró una especial fascinación por la lengua y la cultura vasca, afirmando que es anterior a todas las lenguas de Europa y describiendo a los bertsolaris como integrantes de un "pueblo de poesía".
La gala también estuvo marcada por la emotividad hacia José Luis Rebordinos. La actriz Cayetana Guillén-Cuervo rompió el protocolo y el guion establecido para dirigirle unas palabras directas, agradeciendo su bonhomía y calidad humana más allá de lo profesional con un "Rebor, te queremos", que fue recibido con fuertes aplausos. Este reconocimiento se extendió a la entrega del Gran Premio Fipresci 2026, otorgado a 'Una batalla tras otra' de Paul Thomas Anderson. Carlos Prada, vicepresidente de Warner España, destacó que la contribución de Rebordinos ha sido fundamental para convertir el festival en una referencia cultural respetada globalmente.
En el ámbito de la reflexión política y social, Carmina Gustrán, comisionada para la celebración de los 50 años de España en Libertad, defendió el cine como una herramienta peligrosa precisamente por su capacidad de desvelar y cuestionar relatos establecidos. Gustrán cuestionó abiertamente diversas formas de censura y persecución, citando desde la prohibición franquista de 'Canciones para después de una guerra' de Basilio Martín Patino, hasta las acciones de Donald Trump con 'The Apprentice', el encarcelamiento de Jafar Panahi en Irán, el desmantelamiento del cine argentino bajo Milei y las amenazas contra los directores de 'Naza' en Israel. Asimismo, reivindicó la importancia de recuperar la memoria histórica, mencionando la búsqueda de cuerpos en Cuelgamuros.
El evento incluyó un espacio 'in memoriam' dedicado a Agustina Chiarino, Ignasi Camós, José Antonio Félez, José Luis Cienfuegos y Jeremy Thomas, personalidades del cine fallecidas en el último año.
Finalmente, se presentó al jurado de la Sección Oficial, presidido por el estadounidense Ira Sachs y compuesto por Kenji Kawamura, Catherine Paillé, Alice Braga, Patricia López Arnaiz, Bill Skarsgard y Mike Goodridge. Sachs destacó la vitalidad del cine español actual, describiéndolo como un "renacimiento" de obras audaces y personales que poseen un sentido de comunidad que, según el director, no se observa actualmente en el cine de Estados Unidos, ni siquiera en Nueva York.





