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Descubren marcador inmunitario que podría proteger contra la depresión y el TEPT tras lesiones cerebrales

Anticuerpo en sangre se asocia con menos síntomas de depresión y TEPT tras lesión cerebral

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Descubren marcador inmunitario que podría proteger contra la depresión y el TEPT tras lesiones cerebrales

El traumatismo craneoencefálico (TCE) representa un desafío significativo para la salud pública y la medicina psiquiátrica, debido a que se asocia con un incremento sustancial en el riesgo de desarrollar trastornos mentales. Según los datos analizados, quienes han sufrido este tipo de lesiones presentan un riesgo de dos a cuatro veces mayor de padecer depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (TEPT). Sin embargo, la medicina se ha enfrentado a una incógnita persistente: por qué muchos pacientes no desarrollan estos síntomas psiquiátricos a pesar de haber sufrido el traumatismo.

En busca de una respuesta, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego, en colaboración con el Sistema de Atención Sanitaria de San Diego del Departamento de Asuntos de Veteranos, han llevado a cabo un estudio que podría cambiar la forma en que se estratifica el riesgo tras una lesión cerebral. El equipo ha identificado un anticuerpo específico, el anti-NMDAR1 de aparición natural, que actúa como un posible marcador inmunitario protector.

El estudio, que forma parte del Marine Resiliency Study II y ha sido publicado en la revista Molecular Psychiatry, se centró en un grupo de 1.025 infantes de marina estadounidenses en servicio activo. Los participantes, quienes contaban con antecedentes de traumatismos craneoencefálicos leves (LCT) a lo largo de su vida, fueron sometidos a toma de muestras de sangre y evaluaciones clínicas psiquiátricas antes y después de un despliegue de combate de siete meses en Afganistán, ocurrido entre los años 2011 y 2013.

Los resultados revelaron una correlación significativa entre los niveles de este anticuerpo y la salud mental posterior al despliegue. Aquellos individuos situados en el cuartil superior de niveles de anti-NMDAR1 mostraron puntuaciones de síntomas de depresión aproximadamente un 25 % más bajas y puntuaciones de síntomas de TEPT un 22 % más bajas en comparación con aquellos que presentaban niveles menores del anticuerpo. Además, los participantes con niveles más altos de anti-NMDAR1 tuvieron una probabilidad significativamente menor de informar cuadros de depresión moderada a grave y requirieron el uso de menos medicamentos psiquiátricos.

Un dato relevante para los investigadores es que los anticuerpos anti-NMDAR1 fueron detectables durante más de un año, lo que sugiere que niveles elevados de este marcador podrían representar un rasgo biológico relativamente a largo plazo del individuo. No obstante, el estudio también precisó que no se observó ninguna asociación entre los niveles de anti-NMDAR1 y la ansiedad, limitando el efecto protector a la depresión y al TEPT.

Desde el punto de vista biológico, el anti-NMDAR1 se dirige a los receptores de N-metil-D-aspartato (NMDA), los cuales desempeñan un papel fundamental en los procesos de memoria y aprendizaje. La hipótesis planteada por los científicos es que, en los infantes de marina, este anticuerpo de aparición natural es predominantemente inmunoglobulina M (IgM). Debido a que la IgM es una molécula grande, es probable que no pueda penetrar en las hendiduras sinápticas; en su lugar, podría bloquear los receptores NMDA extrasinápticos, los cuales son responsables de provocar daño cerebral tras un traumatismo craneoencefálico.

Para contrastar esta teoría, se realizaron experimentos con ratones. En estos modelos, se observó que la inmunoglobulina G (IgG) anti-NMDAR1, que es una molécula más pequeña, perjudicó la memoria. Por el contrario, la IgM, al ser más grande, pareció ejercer una función protectora. Este mecanismo de bloqueo de receptores NMDA es similar al de la ketamina, un tratamiento aprobado por la FDA para la depresión y el TEPT, aunque la diferencia radica en que los efectos de la ketamina son de corta duración.

A pesar de la relevancia de los hallazgos, los autores del estudio mantienen una postura cautelosa, advirtiendo que los resultados obtenidos en humanos son correlacionales y requieren de más investigaciones para establecer una causalidad definitiva.

Victoria B. Risbrough, PhD, profesora y vicedecana de asuntos académicos en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UC San Diego y científica de carrera en investigación de VA en el Sistema de Atención Sanitaria de San Diego del Departamento de Asuntos de Veteranos, destacó la importancia del descubrimiento. Según la autora sénior conjunta, el hecho de que un marcador inmunitario de aparición natural pueda actuar como un factor protector incorporado frente a las consecuencias más incapacitantes de la lesión cerebral es un hallazgo emocionante. Risbrough señaló que comprender el funcionamiento de estos anticuerpos podría abrir una nueva vía para identificar a los pacientes con mayor riesgo tras un TCE y, eventualmente, desarrollar nuevas formas de intervención médica.

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