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El debate sobre la Constitución de 1972: ¿un cambio real o un simple recambio de piezas?

Las sucesivas reformas obligan a preguntarse si la Constitución panameña sigue siendo realmente la de 1972. Pero reemplazar sus partes tampoco convierte automáticamente un proceso constituyente en una ruptura capaz de fundar un nuevo orden político.

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El debate sobre la Constitución de 1972: ¿un cambio real o un simple recambio de piezas?

El debate sobre la naturaleza y la vigencia de la Constitución Nacional ha vuelto al centro de la discusión política, planteando una interrogante fundamental sobre si el texto actual sigue siendo, en esencia, la Constitución impuesta por los militares en 1972. Según un análisis técnico y filosófico, la respuesta es afirmativa únicamente en el plano formal, ya que fue así aprobada, pero no necesariamente en su contenido material, el cual ha evolucionado a través del tiempo.

Para ilustrar esta complejidad, se recurre a la paradoja del barco de Teseo: si a un navío se le reemplazan gradualmente todas sus tablas de madera, ¿sigue siendo el mismo barco? De la misma manera, si en una Constitución se sustituyen progresivamente sus artículos, surge la duda de si el documento final mantiene la identidad del original. Bajo esta premisa, sostener que actualmente rige la "Constitución de los militares" podría considerarse una falacia de la propaganda constitucionalista, que ignora el camino recorrido durante los años de democracia.

En este sentido, el análisis coincide con la lucidez de Rigoberto González en su obra "El proceso constituyente originario". González advierte que referirse a la norma vigente como una imposición militarista de 1972 es equivalente a afirmar que el país aún se encuentra bajo dicho régimen, omitiendo el retorno a la democracia y las transformaciones que el texto ha sufrido desde su aprobación original.

No obstante, esto no implica que no exista la necesidad de una nueva Constitución. El punto crítico radica en que dicha demanda debe nacer de una auténtica conciencia política y una madurez cívica. Sin estos elementos, cualquier ejercicio constituyente corre el riesgo de convertirse en un simple trámite burocrático, comparable a la expedición de una licencia de conducir, carente de profundidad democrática. La consecuencia de aprobar normas solo para simular su existencia es la generación de un vacío institucional y una sensación de incompetencia que podría ser aprovechada por actores no comprometidos con la deliberación republicana.

El análisis profundiza en el riesgo de las asambleas constituyentes paralelas, describiéndolas nuevamente bajo la analogía del barco de Teseo como un simple recambio de tablas mientras la nave sigue a flote. Cambiar la fachada o el maderamen gastado no altera el armazón, ya que la estructura se levanta sobre un sistema preexistente diseñado para perpetuar su propia vigencia y blindarse contra rupturas externas. Por lo tanto, demoler tabiques para construir sobre cimientos endebles no representa un acto revolucionario ni originario.

Como antecedente, se cita el caso de la constituyente chilena y las observaciones de Albert Noguera en "La refundación fallida". Noguera señala que cuando la participación se canaliza a través de mecanismos burocratizados e individualizados, se neutraliza la potencia transformadora del proceso. En el caso chileno, esto impidió la identificación entre el pueblo y el proceso, ya que se omitió el conflicto social, elemento clave para cualquier transformación real, reduciendo el pacto social a una mera transacción de despachos.

Finalmente, se propone rescatar la lección del "sinoicismo" ateniense, donde la grandeza no estuvo en cambiar piezas de una nave, sino en la voluntad política consciente de disolver soberanías fragmentadas y caudillismos para fundar una comunidad política auténtica.

En conclusión, una Constitución no adquiere el carácter de originaria por un decreto o una etiqueta, ni permanece siendo la de 1972 solo por inercia jurídica. El poder constituyente depende de la correlación de fuerzas, la ruptura creadora y el encuentro colectivo. El análisis advierte que, si el debate nacional se limita a lemas de ocasión y propaganda, el país enfrentará su destino sin la seriedad que el momento actual exige.

Este análisis fue desarrollado por un socio fundador de iurispa y asesor en políticas públicas.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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