Mientras la mayoría de personas duerme, en el Centro Nuclear RACSO del Instituto Peruano de Energía Nuclear comienza una carrera contra el tiempo. Aquí se producen radioisótopos fundamentales para la salud, contribuyendo a la atención de más de 42 mil pacientes al año, principalmente en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades oncológicas.
Desde la década de 1990, el IPEN utiliza su reactor nuclear de investigación RP-10 y una planta de producción para procesar materiales irradiados. Uno de los productos principales es el tecnecio-99m. A diferencia de una radiografía convencional, que observa la estructura de una zona del cuerpo, este radioisótopo permite obtener información sobre el funcionamiento real de diversos órganos y tejidos. Debido a que su vida media es de aproximadamente seis horas, su producción se realiza de madrugada para ganar tiempo y coordinar una logística precisa según la demanda diaria de los establecimientos de salud.
La producción no se detiene ahí. El IPEN también elabora yodo-131, utilizado para tratar el hipertiroidismo y tipos específicos de cáncer de tiroides, abasteciendo centros de medicina nuclear en Lima y regiones como Arequipa, Cusco y La Libertad. Asimismo, producen Samario-153 bajo demanda, el cual sirve como alternativa para el manejo paliativo del dolor intenso en pacientes oncológicos en etapas avanzadas, mejorando así su calidad de vida.
Como estos productos son administrados a personas, Rocío Solís, Directora de Producción, destaca que la planta cumple estrictamente con las certificaciones de Buenas Prácticas de Manufactura y Buenas Prácticas de Laboratorio, siguiendo todas las exigencias de la autoridad sanitaria para garantizar la seguridad en su elaboración.
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