En la pantalla, la mítica máquina del tiempo requería plutonio, 1,21 gigavatios de energía y alcanzar exactamente las 88 millas por hora —aproximadamente 142 km/h— para desaparecer entre relámpagos y viajar a través de las décadas. Sin embargo, fuera de la ficción, el DeLorean exigía algo muy distinto: paciencia, reparaciones constantes y un actor dispuesto a soportar las incomodidades del rodaje.
Michael J. Fox tenía apenas 23 años cuando se sentó por primera vez al volante del vehículo que se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de la historia de Hollywood. El actor ha vuelto a estar en el centro de la atención pública recientemente tras recibir el Premio Humanitario Bob Hope durante la 78ª edición de los Premios Emmy. No obstante, es en sus memorias tituladas "Future Boy", publicadas en 2025, donde el intérprete de Marty McFly revela la realidad detrás del vehículo que millones de espectadores consideraron el auto de sus sueños.
Según relata Fox cuatro décadas después, su experiencia con el coche fue drásticamente diferente a la percepción del público. Aunque inicialmente le entusiasmó la posibilidad de conducirlo, la fascinación fue efímera. El actor reconoció que terminó odiando el vehículo, llegando a definirlo tajantemente como “un auto de mierda”, describiéndolo como lento, incómodo y peligroso durante las grabaciones.
La transformación del auto para adaptarlo a las necesidades del guion complicó aún más la situación. El equipo de producción llenó el habitáculo con una serie de accesorios futuristas que incluían relojes, cables, interruptores, paneles y el famoso condensador de flujo. Muchos de estos elementos presentaban bordes ásperos o filosos. Fox recordó que, al finalizar las jornadas de trabajo, era común que presentara cortes en las manos, nudillos magullados y diversos golpes en los codos provocados por el impacto contra la consola.
Debajo de todo el equipamiento cinematográfico se encontraba un DeLorean fabricado en 1981. El modelo DMC-12 destacaba por su carrocería de acero inoxidable sin pintar, sus puertas de ala de gaviota y el diseño firmado por Giorgetto Giugiaro, elementos que le daban una apariencia adelantada a su tiempo. No obstante, sus prestaciones técnicas eran mucho menos espectaculares que su estética.
El vehículo contaba con un motor V6 de 2,85 litros, desarrollado mediante una colaboración entre Peugeot, Renault y Volvo. En su versión estadounidense, el motor entregaba unos 130 CV de potencia, la cual era enviada a las ruedas traseras. El auto podía configurarse con una caja manual de cinco marchas o una automática de tres velocidades, y requería aproximadamente diez segundos para acelerar de 0 a 60 millas por hora (96 km/h).
La historia industrial del DMC-12 es tan particular como el auto mismo. Fue producido en Dunmurry, cerca de Belfast, en Irlanda del Norte. Solo se fabricaron alrededor de 9000 unidades antes de que la empresa de John DeLorean colapsara en 1982. Para cuando "Volver al futuro" se estrenó en 1985, la marca ya había desaparecido, pero el fracaso comercial del vehículo encontró una segunda vida inesperada gracias al cine.
Curiosamente, la máquina del tiempo no fue concebida originalmente como un automóvil. En las primeras etapas del proyecto, los guionistas imaginaron el dispositivo como un objeto estático e incluso consideraron la posibilidad de instalarlo dentro de una heladera. Esta idea fue descartada debido al riesgo de que los niños intentaran imitar la película y se encerraran en refrigeradores reales. Fue entonces cuando Robert Zemeckis y Bob Gale decidieron que el dispositivo debía ser móvil, eligiendo el DeLorean por su aspecto extraño y sus puertas verticales. Esta elección fue fundamental para la trama, ya que permitía que, al llegar a 1955, una familia confundiera el vehículo con una nave extraterrestre.
Para la producción de la trilogía no se utilizó un solo ejemplar. En la primera entrega se emplearon tres unidades principales, denominadas "A", "B" y "C". Con las secuelas, la cifra ascendió a seis automóviles reales, además de una reproducción de fibra de vidrio para escenas de vuelo. El "A Car", o "Hero Car", era el más detallado y se usaba para primeros planos de los instrumentos. El "B Car" se destinó a escenas de riesgo y fue destruido por un tren en el final de la tercera película, mientras que el "C Car" fue modificado y cortado para facilitar el registro de las cámaras en el interior.
Tras el rodaje, el "Hero Car" sufrió el deterioro causado por la intemperie y el sol mientras estuvo expuesto en Universal Studios Hollywood, sumado al hecho de que algunos visitantes sustrajeron pequeñas piezas. Años después, Bob Gale impulsó una restauración oficial liderada por el especialista Joe Walser. El proceso, finalizado en 2013, implicó el desmontaje total, la catalogación de piezas y la reproducción de los componentes desaparecidos. Desde 2016, el vehículo se encuentra en préstamo permanente en el Petersen Automotive Museum de Los Ángeles.






