El proyecto de Javier Milei enfrenta una desventaja competitiva rumbo a 2027. Una oposición kirchnerista motivada busca recuperar el poder, impulsada por tres factores: la caja multimillonaria de Vaca Muerta, una macroeconomía ordenada con inflación a la baja y una disciplina electoral entrenada.
Para el oficialismo, las batallas legislativas por el financiamiento universitario y la discapacidad son interpretadas como intentos de "golpismo" contra el equilibrio fiscal. Sin embargo, la oposición ha logrado imponer temas críticos en la agenda. Primero, el caso de los morosos, donde el Gobierno tardó en reaccionar hasta que datos externos relativizaron el impacto. Ahora, la batalla se centra en los llamados "sectores perdedores".
Surge así el concepto de "derrame inverso". Mientras la minería y el oil and gas generan divisas y rentabilidad, la industria, la construcción y el consumo masivo sufren los efectos colaterales. Incluso en los sectores ganadores hay señales contradictorias: el sector de oil and gas registró una pérdida de 7.000 empleos formales entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025.
En este escenario, Patricia Bullrich ha comenzado a diferenciar su postura, sugiriendo que la baja de impuestos no sea exclusiva de quienes acceden al RIGI, sino que alcance a más empresas y comercios para ampliar la base de apoyo ciudadano.
El próximo debate por la Ley de Presupuesto será el campo de batalla definitivo. Allí se enfrentarán las contradicciones del Gobierno: el rechazo al financiamiento universitario frente a la asignación de recursos para Defensa y la SIDE. La pregunta central que queda es: ¿hay o no hay plata? Y, sobre todo, ¿para quién hay plata?
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