¿Imaginas que tu empresa rastree cada clic de tu mouse y tus mensajes privados para entrenar a una inteligencia artificial que podría reemplazarte? Esto fue lo que desató una crisis interna en Meta.
El programa, llamado Iniciativa de Capacidades del Modelo o MCI, buscaba recopilar detalladamente los movimientos de los empleados en sus computadoras. El objetivo de la compañía era automatizar tareas administrativas, como la programación y la contabilidad, replicando el comportamiento humano frente al dispositivo.
A pesar de que Meta presentó el proyecto como una forma de mejorar las habilidades técnicas de la IA, los trabajadores reaccionaron con rechazo. A través de una petición con mil ochocientos firmas, manifestaron su preocupación por la seguridad de datos sensibles, como contraseñas, tarjetas de crédito y formularios de inmigración, además del temor a ser reemplazados.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando una filtración interna reveló que el MCI ya estaba recopilando datos sin el consentimiento de los empleados, incluyendo sus conversaciones privadas. Tras este escándalo, Meta desactivó el proyecto en pocas horas.
El director de tecnología, Andrew Bosworth, quien defendió el programa inicialmente, afirmó en un audio filtrado que quienes se opusieron dificultaron la tarea de realizar cambios internos en la empresa. Sin embargo, los empleados consideran que fue una rebelión valiente, especialmente después de que en mayo se produjeran despidos masivos que afectaron al diez por ciento de la plantilla.
Meta informó que, en caso de continuar con el proyecto, este sería opcional y no obligatorio. No obstante, la empresa declinó explicar cómo fueron utilizados los datos que ya habían sido recolectados durante la implementación del programa.
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