La Universidad de Chile logró regresar a la senda de los triunfos en un encuentro cargado de dramatismo y tensión en el Estadio Nacional. En un duelo donde el resultado parecía escaparse de las manos, los azules consiguieron imponerse por 4-2 ante Coquimbo Unido, en un partido que mantuvo a la hinchada en vilo hasta los últimos instantes del encuentro en Ñuñoa.
El desarrollo del juego fue complejo para el equipo dirigido por Fernando Gago. Hasta el minuto 86, la situación era adversa para el conjunto universitario, que se encontraba perdiendo el encuentro por 2-1. Este escenario generó un ambiente sumamente tenso en las tribunas, donde la desesperación por encontrar el empate se hacía sentir en cada jugada.
En el momento más crítico de la noche, Fernando Gago decidió tomar una determinación táctica arriesgada que, en su momento, no fue bien recibida por los espectadores. El director técnico argentino optó por realizar dos cambios estructurales en el equipo: decidió retirar del campo a Charles Aránguiz y a Agustín Arce, piezas fundamentales en el armado del juego, para dar ingreso a Juan Martín Lucero y Octavio Rivero, apostando así por reforzar la línea de ataque.
Esta decisión, que fue contra todo clamor popular, desencadenó una serie de pifias y muestras de descontento por parte de los hinchas azules, quienes cuestionaron la salida de los mediocampistas en un momento tan delicado del partido. Sin embargo, la osada movida del entrenador terminó siendo la llave para destrabar el encuentro y cambiar el rumbo del marcador.
La apuesta de Gago rindió frutos de manera inmediata y contundente. Juan Martín Lucero entró al campo para cambiar la dinámica ofensiva, matriculándose con un doblete que devolvió la esperanza y el liderazgo al equipo. Por su parte, Octavio Rivero también dejó su huella en el marcador al convertir su primer gol con la camiseta de la Universidad de Chile desde el punto penal, sellando el 4-2 definitivo que desató la alegría en el Estadio Nacional.
Más allá del resultado deportivo, la noche tuvo un componente emocional profundo para Octavio Rivero. El delantero charrúa utilizó sus redes sociales para compartir un momento íntimo y especial. A través de una publicación en Instagram, Rivero reveló que su regreso al gol coincidió exactamente con el primer año de vida de su hijo. "Las casualidades no existen, no podía ser en otro día", escribió el jugador mientras compartía una fotografía con su retoño en brazos.
La alegría del gol también representó el cierre de un ciclo de sufrimiento personal y profesional para el atacante uruguayo. En declaraciones otorgadas a TNT Sports tras el partido, Rivero confesó la dureza del proceso que ha tenido que atravesar. "Estoy realmente emocionado, fue una lesión muy dura. Muchos dudaron de muchas cosas. Nada, yo cerré la boca, trabajé, como siempre lo hice, y trato de mostrar dentro de la cancha", señaló el futbolista.
Rivero detalló que el camino hacia su recuperación fue arduo y que incluso su convocatoria para la presente semana fue una sorpresa para él. "Fue un proceso muy duro. No me esperaba estar convocado para esta semana, me llevé una sorpresa ayer, y bueno, a partir de ahí empecé a soñar… la vengo peleando desde la cirugía", concluyó el delantero, subrayando el esfuerzo físico y mental invertido para volver a competir al máximo nivel.
Con este resultado, la Universidad de Chile no solo recupera la confianza tras una remontada sufrida, sino que se mantiene firme en la carrera por el Chile 2. El equipo ahora pone la mirada en su próximo compromiso, donde regresará al ruedo el domingo 13 de septiembre a las 15:00 horas. Los azules visitarán a Deportes La Serena en el Estadio La Portada, en un duelo válido por la fecha 23 de la Liga de Primera 2026.






