Un reciente ensayo clínico publicado en la revista Cell Metabolism ha revelado que la dieta cetogénica, popularmente conocida como dieta keto, puede ofrecer beneficios superiores a corto plazo en comparación con otras estrategias alimentarias en personas que padecen obesidad, prediabetes e hígado graso. El estudio se centró en analizar cómo los diferentes macronutrientes afectan la respuesta cardiometabólica cuando el objetivo es alcanzar una pérdida del 10% del peso corporal.
La investigación, coordinada por Max C. Petersen del Departamento de Endocrinología, Metabolismo e Investigación en Lípidos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en Estados Unidos, comparó tres enfoques dietéticos durante un periodo de aproximadamente cinco meses. Los participantes fueron divididos en tres grupos: uno siguió una dieta cetogénica (baja en hidratos de carbono y alta en grasas), otro optó por la dieta mediterránea y un tercer grupo siguió una dieta esencialmente vegetariana baja en grasas.
Los resultados indicaron que, aunque la pérdida de peso fue similar en los tres grupos, aquellos que completaron la dieta cetogénica mostraron una respuesta significativamente mejor en los marcadores asociados a la diabetes y a la función metabólica del hígado. Específicamente, el equipo de investigación demostró que el contenido de macronutrientes influye directamente en los beneficios cardiometabólicos. En este sentido, la dieta keto logró disminuir la grasa hepática en mayor medida que las dietas con un contenido más elevado de carbohidratos.
Para comprender estos resultados, es necesario analizar el funcionamiento de la dieta cetogénica. Este régimen busca forzar al cuerpo a generar cetonas a partir de la grasa para utilizarlas como fuente de energía, reduciendo los hidratos de carbono al mínimo y limitando las proteínas. Mientras que el cuerpo utiliza normalmente la glucosa como combustible principal, la ausencia de esta induce un estado metabólico llamado cetosis. En este estado, el organismo recurre a las grasas acumuladas y libera cuerpos cetónicos, los cuales se convierten en el combustible principal para los músculos y el cerebro.
El estudio destaca que esta cetosis nutricional controlada mejora el metabolismo hepático. Los autores señalaron que la pérdida de peso moderada aumentó la sensibilidad muscular a la insulina en un 50% en todos los grupos, pero este incremento se duplicó o triplicó en el grupo de dieta muy baja en carbohidratos. Además, se observó una mayor disminución en los niveles de hemoglobina glicosilada, los triglicéridos intrahepáticos, la lipogénesis de novo hepática y los niveles plasmáticos de glucosa e insulina durante 24 horas. No obstante, no se encontraron diferencias significativas entre los grupos en cuanto a las concentraciones de colesterol LDL, apolipoproteína B ni triglicéridos plasmáticos.
A pesar de estos hallazgos, diversos expertos han instado a la cautela. Esther López García, investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid, advierte que el estudio no aborda la calidad de las grasas consumidas. Según López, no es lo mismo basar la dieta en grasas saludables, como el aceite de oliva y pescados grasos, que en carnes ricas en grasa o alimentos procesados. Asimismo, recordó que las guías dietéticas españolas recomiendan un equilibrio entre grasas y carbohidratos saludables para prevenir enfermedades crónicas.
Por su parte, Francisco J. Tinahones, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, señaló que el estudio es de dimensiones reducidas tanto en número de participantes como en tiempo. Tinahones subrayó que, si bien la dieta cetogénica es eficaz a corto plazo, no existen estudios fiables sobre sus efectos a largo plazo en la enfermedad cardiovascular, por lo que la dieta mediterránea sigue siendo la recomendación general más sólida.
Finalmente, José M. Ordovás, profesor de la Universidad Tufts, matizó que afirmar que la dieta cetogénica es globalmente mejor que la mediterránea sería exagerar los resultados. Ordovás resaltó que el estudio contó con solo 42 personas que lo completaron (14 por dieta) y que las condiciones fueron artificiales, ya que los participantes recibían todas sus comidas preparadas gratuitamente y contaban con seguimiento semanal de una dietista. Además, criticó el uso de platos congelados y tentempiés potencialmente ultraprocesados, lo que dificulta separar el efecto de los macronutrientes de la calidad del procesamiento de los alimentos.




