Camilo Escalona y Gabriel Boric: dos figuras de la izquierda chilena que pasaron de ser adversarios feroces a aliados políticos. Mientras Escalona fue el defensor de la transición a la democracia, Boric fue uno de sus críticos más tajantes, cuestionando quién definía "lo posible" en el nuevo orden político.
Su relación estuvo marcada por recelos y prejuicios. En 2016, protagonizaron un tenso debate televisivo donde Boric acusó a la Concertación de desmovilizar al pueblo, mientras Escalona le reprochaba su inexperiencia y calificaba de "caricatura" la idea de que la transición fuera una dictadura disfrazada de democracia. Años antes, Escalona había generado rechazo en la nueva izquierda al comparar la idea de una Asamblea Constituyente con "fumar opio".
Sin embargo, el ejercicio del poder transformó este vínculo. Con la llegada de Boric a La Moneda en 2022, el mandatario comenzó a valorar la experiencia de la generación de Escalona. Lo que inició con prejuicios se convirtió en respeto y admiración. Boric reconoció que la querella generacional no era tal y admitió que el socialismo democrático fue un apoyo fundamental para su gobierno.
Hacia el final de su vida, Escalona defendió la gestión de Boric, asegurando que el presidente mantuvo la gobernabilidad democrática en un periodo delicado y enfrentó desafíos inéditos con sentido de Estado. Al morir el líder socialista en 2026, Boric le rindió un homenaje, reconociendo que gracias a la lucha y el compromiso de la generación de Camilo, las nuevas generaciones pudieron llegar al poder.
Esta es la historia de cómo dos visiones irreconciliables de la izquierda chilena terminaron cerrando un ciclo de respeto mutuo.
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