El proceso judicial entre el presentador Mauricio Hoffmann, su pareja María José “Majo” Ulate y el creador de contenido Diego Bravo ha dado un paso decisivo. El pasado jueves 3 de setiembre se dio inicio formal al juicio en el Tribunal Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, ubicado en Goicoechea, donde se evalúan las acusaciones por presuntos delitos contra el honor, específicamente por difamación e injurias.
Tras la primera sesión, Mauricio Hoffmann compartió los motivos fundamentales que llevaron a la pareja a llevar este caso hasta las últimas consecuencias legales. Según explicó el comunicador, existieron dos condiciones básicas que habrían evitado la instancia judicial, pero que el youtuber Diego Bravo se negó a conceder desde el inicio del conflicto. Estas peticiones consistían en una disculpa pública y la eliminación total de los contenidos en los que el creador de contenido se refirió a ellos de manera, según sus palabras, "soez y vulgar".
En relación con el material audiovisual, Hoffmann aclaró que, aunque los videos ya no se encuentran disponibles en las plataformas digitales de Bravo, esto no ha afectado el curso del proceso. El presentador señaló que sus abogados recopilaron los contenidos oportunamente y ya han sido presentados como evidencia formal dentro del caso, asegurando que la desaparición de los videos de la red no implica que hayan sido eliminados del expediente judicial.
Uno de los puntos centrales de la demanda no radica en el hecho de que el creador de contenido haya hablado de ellos públicamente, sino en la forma y el tono utilizados para hacerlo. Hoffmann enfatizó que el daño provocado a su honor y reputación fue consecuencia directa de las palabras empleadas, especialmente aquellas dirigidas hacia María José Ulate. El demandante subrayó que, independientemente del contexto o la situación en la que se produjeron las publicaciones, la forma en que se comunicó la información no fue la apropiada y causó un impacto negativo considerable.
Este caso ha llevado a Hoffmann a reflexionar sobre el poder y la responsabilidad que conlleva manejar una plataforma digital con acceso a una audiencia masiva. El presentador manifestó que es fundamental visibilizar que cualquier expresión, ya sea positiva o negativa, acarrea consecuencias reales en la vida de las personas. En su calidad de comunicadores, resaltó la gran responsabilidad que tienen quienes utilizan estas herramientas para dirigirse al público, instando a una mayor prudencia en el uso de la palabra.
La pareja se mantiene firme en su postura y en los puntos defendidos desde el comienzo del proceso, manifestando que esperan que el juicio avance hasta alcanzar una resolución justa. Para Hoffmann y Ulate, más allá del resultado final, el objetivo primordial es dejar un precedente sobre la responsabilidad ética al referirse públicamente a terceros.
En cuanto a las pretensiones económicas, la demanda incluye una solicitud de indemnización por daños y perjuicios. Tanto Mauricio Hoffmann como Majo Ulate reclaman la suma de ¢5 millones cada uno como compensación por el daño causado a su reputación.
A pesar del inicio de las audiencias este jueves, el juicio tuvo que ser suspendido, por lo que se ha programado su continuación para el próximo miércoles 16 de setiembre. Se espera que en dicha sesión el tribunal reciba las declaraciones formales de Hoffmann y Ulate, así como los testimonios de otros testigos clave que formarán parte del proceso para esclarecer los hechos denunciados.





