La familia de Kenny Martínez, un joven exfutbolista de 22 años que fue asesinado el pasado martes 1 de septiembre en la zona de Punta Gorda, Roatán, ha roto el silencio para reconstruir detalladamente las últimas horas de vida del joven. A través de un desgarrador relato, sus allegados han compartido la cronología de los hechos previos al crimen, mientras realizan los trámites necesarios para trasladar el cuerpo hacia la ciudad de La Ceiba, donde se llevará a cabo la autopsia legal antes de darle cristiana sepultura.
De acuerdo con testimonios brindados a Diario Diez, la hermana de la víctima relató que la jornada comenzó en un ambiente de tranquilidad y unión familiar. Kenny había pasado la tarde en Camp Bay, compartiendo con su hermana, sus sobrinos y otros parientes. Sin embargo, lo que parecía ser un día común de esparcimiento se tornó en una tragedia, ya que la familia sostiene que el joven ya estaba siendo vigilado desde aquel lugar.
Según la versión de la hermana, mientras ella disfrutaba de la playa, Kenny se encargaba del cuidado de varios niños de la familia, incluyendo a una bebé de apenas nueve meses de edad. En un momento dado, la mujer se alejó brevemente para recoger uvas, indicándole a su hermano que regresaría pronto. No obstante, para cuando ella volvió al punto de encuentro, Kenny ya se había retirado, habiendo entregado el cuidado de los pequeños a otro de sus hermanos.
La reconstrucción de los hechos indica que, posteriormente, el exjugador se dirigió hacia la zona de Politily en compañía de otros familiares. Durante el trayecto, Kenny decidió bajar del vehículo en el que se trasladaba para recuperar su motocicleta y continuar el camino por sus propios medios. Fue precisamente en este desplazamiento donde, según afirma su familia, se concretó la emboscada. Dos sujetos que se movilizaban en una motocicleta habrían seguido la ruta del joven hasta Punta Gorda, lugar donde finalmente fue interceptado y asesinado.
Uno de los puntos más críticos destacados por los familiares es la dificultad para identificar a los responsables, ya que los atacantes se encontraban encapuchados al momento de cometer el crimen. Ante la incertidumbre y la falta de sospechosos claros, los parientes han depositado sus esperanzas en las investigaciones que adelantan las autoridades competentes, aunque mantienen una fuerte convicción en la justicia espiritual. "Solo Dios sabe, ellos pueden escapar, pueden ir hasta cien años, pero de la justicia divina nadie se escapa", expresó la hermana del joven.
Respecto a los móviles del asesinato, la familia manifestó un total desconocimiento. La hermana de Kenny enfatizó que el joven no mantenía conflictos con terceras personas ni había reportado haber recibido amenazas previas al ataque. Lo describió como un "cipote bien alegre" y tranquilo, alguien que se llevaba bien con todo el mundo y que no daba motivos para un acto de violencia de tal magnitud.
El impacto emocional de este suceso ha dejado a la familia devastada, siendo la madre del exjugador la persona más afectada. Su hermana describió el estado de dolor de la progenitora afirmando que han "destrozado" a su madre, quien se encuentra "desesperadamente muerta en vida" ante la pérdida inesperada de su hijo.
Más allá de la tragedia, los familiares aprovecharon para recordar la trayectoria deportiva de Kenny Martínez. El joven había dedicado gran parte de su juventud a perseguir el sueño del fútbol profesional, logrando integrar las reservas del Club Olimpia. En dicha etapa, se destacó notablemente como goleador y llegó a tener la oportunidad de trabajar con el primer equipo, siendo reconocido por su capacidad técnica. Su hermana recordó con orgullo que era considerado uno de los mejores defensores y que el sueño de ambos era verlo llegar lejos en el deporte.
Finalmente, el recuerdo más doloroso para la familia quedó sellado en la última interacción que tuvieron con él. La hermana relató que, antes de separarse aquel día, Kenny tomó a los niños y le pidió tomarse una fotografía con ella y los pequeños, un gesto que hoy interpretan como una despedida inesperada que guardarán para siempre.






