En el marco de la segunda jornada del encuentro del G20 celebrado en Asheville, Carolina del Norte, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Bessent, expuso la visión estratégica de su país respecto a la gestión de la deuda soberana en los mercados emergentes y las economías de bajos ingresos. Durante su intervención, el funcionario subrayó que Estados Unidos ha mantenido, durante décadas, un rol de liderazgo en el abordaje de estas cuestiones financieras, con el objetivo primordial de salvaguardar el funcionamiento correcto de los mercados globales y fortalecer la economía en su conjunto.
Según Bessent, el propósito fundamental de este liderazgo es permitir que los países deudores puedan recuperar la senda de la estabilidad y el crecimiento económico. No obstante, el secretario advirtió que el panorama actual presenta desafíos significativos para muchas de estas naciones. Específicamente, señaló que diversos mercados emergentes y economías en desarrollo se encuentran hoy enfrentando vencimientos de deuda críticos, sumado a una notable desaceleración en la capacidad de obtener nuevas fuentes de financiación. Esta combinación de factores, explicó, está generando fuertes presiones de liquidez en dichos sistemas financieros.
En este contexto, el secretario del Tesoro reconoció que existen situaciones económicas que apuntan directamente a la necesidad de implementar procesos de reestructuración de deuda. Al respecto, Bessent detalló que, bajo la dirección del presidente Trump, la administración estadounidense ha trabajado activamente para restablecer la confianza de los inversores y los acreedores. El objetivo central de esta gestión es lograr que las reestructuraciones de la deuda soberana se lleven a cabo de una manera más rápida, transparente y predecible.
Estas metas forman parte de los objetivos globales en materia de finanzas que la presidencia estadounidense del G20 se ha propuesto alcanzar durante el presente año. La búsqueda de predictibilidad y transparencia en los procesos de reestructuración busca mitigar la incertidumbre que suele afectar a los países en desarrollo cuando sus compromisos financieros se vuelven insostenibles.
Paralelamente a los temas de deuda externa, Bessent compartió observaciones sobre el desempeño interno de los activos financieros estadounidenses. En una charla informal mantenida también durante la reunión del G20, el secretario aseguró que el mercado de bonos de Estados Unidos ha mostrado un desempeño superior al del resto del mundo desde el regreso del presidente Donald Trump a la Casa Blanca en enero del año pasado. Esta afirmación busca posicionar los activos estadounidenses como refugios de estabilidad frente a la volatilidad global.
Sin embargo, el análisis de la estabilidad financiera no ignora la realidad fiscal del propio gobierno federal. El secretario del Tesoro abordó la situación de la deuda pública de Estados Unidos, la cual acaba de superar la cifra de 40 billones de dólares. A este volumen de deuda se suma un incremento en los costos de financiamiento, ya que los intereses que pagan los títulos de mayor vencimiento han superado niveles que no se observaban desde hace más de 20 años.
A pesar de estas cifras, Bessent insistió en defender la estabilidad de los rendimientos de la deuda del Gobierno Federal desde el retorno al poder de Trump. Sobre cómo manejar el creciente pasivo y el costo de los intereses, el secretario fue enfático durante la jornada inaugural de la reunión del G20, subrayando que la solución fundamental para recortar el pasivo y reducir el impacto de los intereses no reside en medidas aisladas, sino en lograr que la economía crezca más.
De esta manera, el secretario del Tesoro vinculó la estabilidad de los mercados emergentes con la salud financiera de Estados Unidos, planteando que el crecimiento económico es la herramienta clave para sostener la arquitectura financiera global y resolver las presiones fiscales internas.





