La crisis del sistema sanitario en Cuba ha dejado de ser una estadística para convertirse en una lucha desesperada por la supervivencia. El caso de Dalía Cuevas Leblanc, una ingeniera química de 31 años residente en Santiago de Cuba, pone rostro humano al colapso farmacéutico que atraviesa la isla. Actualmente, Cuevas Leblanc se encuentra en una situación crítica: no puede continuar su tratamiento de quimioterapia debido a que el Hospital Oncológico de Santiago de Cuba carece de los fármacos esenciales requeridos por sus médicos.
Dalía fue diagnosticada con cáncer de ovario y peritoneo a la temprana edad de 27 años, una enfermedad agresiva que no solo comprometió su salud, sino que la obligó a jubilarse anticipadamente. En la actualidad, la joven sobrevive con una pensión mensual de 3,056 pesos cubanos, una cifra que se sitúa incluso por debajo del mínimo de jubilación vigente en el país, dejando su capacidad económica totalmente vulnerada frente a la urgencia médica.
Ante la incapacidad del Estado para proveer el tratamiento, su prima, Arisandra Filiu, ha recurrido a las redes sociales para lanzar un llamado urgente. A través de Facebook, Filiu busca ayuda para localizar los medicamentos necesarios antes de que la interrupción del ciclo de quimioterapia agrave el estado de salud de Dalía. Los fármacos solicitados por los especialistas son cisplatino, ciclofosfamida y adriamicina (doxorrubicina), aunque los médicos han contemplado el uso de ifosfamida con mesna como una alternativa viable.
El drama se intensifica al analizar la brecha económica entre los ingresos de la paciente y el costo de los fármacos en el mercado informal. Según explicó Arisandra Filiu, un solo bulbo de uno de estos medicamentos puede alcanzar un precio aproximado de 35,000 pesos cubanos. Para una persona que percibe una pensión de 3,056 pesos, la adquisición de una sola dosis representaría el gasto de más de once meses de sus ingresos totales, haciendo que el acceso a la salud sea financieramente imposible.
A pesar de la desesperación, la familia ha sido enfática en que no aceptará fármacos de procedencia dudosa. El llamado de Filiu se dirige específicamente a médicos, enfermeros, personas que hayan atravesado procesos oncológicos y a la comunidad cubana tanto dentro como fuera de la isla, con el objetivo de localizar medicamentos adecuados que puedan ser verificados y entregados de manera segura a los médicos tratantes.
La situación de Dalía no es un hecho aislado, sino un síntoma de la crisis sanitaria más profunda que ha enfrentado Cuba en décadas. A mediados de agosto, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente la magnitud del desastre, admitiendo que solo el 30% del cuadro básico de medicamentos está disponible en el país. Esta cifra implica que siete de cada diez fármacos esenciales faltan en las instalaciones sanitarias.
BioCubaFarma, la entidad estatal responsable de la producción de medicamentos, ha admitido su incapacidad para garantizar cerca de 300 de los 395 fármacos comprometidos con el sistema nacional de salud. El impacto humano de este desabastecimiento es alarmante: más de 117,000 pacientes oncológicos adultos y alrededor de 2,200 niños carecen de tratamientos primarios adecuados. Asimismo, se estima que más de 12,400 personas requieren quimioterapia y no pueden acceder a ella.
Este colapso no se limita a una sola región. En Ciego de Ávila, se reportó que durante este mes la disponibilidad de medicamentos del cuadro básico era de apenas el 10%, evidenciando que la crisis es generalizada y afecta a todo el territorio nacional.
En este escenario, las redes sociales se han transformado en el último recurso de supervivencia para miles de familias. Casos recientes, como el de una hija que logró conseguir quimioterapia para su madre gracias a la solidaridad digital, mantienen viva la esperanza de la familia de Dalía. Arisandra Filiu ha instado a quien tenga información o pueda brindar ayuda a contactarla por mensaje privado, enfatizando que su petición no es por lástima, sino por una oportunidad para que su prima pueda seguir luchando y soñando con una vida después de la enfermedad.





