¿Alguna vez te has preguntado si la imagen que tenemos de los incas es real? En los libros y representaciones como el Inti Raymi, solemos ver al gobernante con una cabellera larga y alborotada. Sin embargo, las crónicas históricas cuentan una historia muy distinta.
El cronista cusqueño Garcilaso de la Vega señaló que el inca y la nobleza mantenían el cabello corto. Mientras que los nobles lo llevaban aproximadamente a la altura de las orejas, el inca lo usaba aún más corto, casi al ras de la nuca, en un estilo que hoy podría recordar al de un soldado.
Pero, ¿cuál era la razón de este corte? Esta apariencia permitía que el soberano luciera sin inconvenientes sus grandes orejeras doradas y la borla colorada, elementos fundamentales de su autoridad. Este dato es respaldado también en el libro "Los Incas: Pueblo del Sol", de Víctor W. Von Hagen, donde se relata que un jefe de armas pidió salvar a un peluquero español porque se encargaba de afeitar y cortar el cabello de los hombres.
Entonces, ¿de dónde viene la idea del cabello largo? La respuesta está en Atahualpa, considerado el último inca. Según las crónicas, Atahualpa perdió una oreja durante un enfrentamiento en Pasto, territorio que actualmente pertenece a Colombia. Al ser el hijo del Sol, no podía mostrarse ante su pueblo con ese defecto físico, por lo que optó por dejarse crecer el cabello para ocultarlo.
Así, la imagen popular de la cabellera larga no era la norma general, sino una excepción ligada a la situación personal de Atahualpa. Lo que hoy se representa como la apariencia típica de los incas fue, en realidad, una medida para cubrir una herida.
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