¿Puede una obra de arte del siglo XI reflejar una "manosfera" digital? El Tapiz de Bayeux, que regresa en septiembre al Museo Británico, hace precisamente eso. Esta obra maestra de 70 metros de lienzo narra la conquista normanda de Inglaterra, un relato de promesas incumplidas y agresión que culmina con la muerte del rey Harold II en la Batalla de Hastings.
Pero el tapiz es más que un registro bélico; es una representación de la hipermasculinidad medieval. En este mundo, la virilidad se equipara directamente al poder. El doctor Christopher Monk lo describe como una escena "empapada de testosterona", donde los hombres dominan la sociedad mediante la violencia y el trabajo vigoroso, como la tala de árboles y la construcción de embarcaciones.
Un detalle recurrente y sorprendente es la presencia de genitales. El profesor George Garnett contabilizó 93 ejemplares, mayormente de caballos, donde el tamaño simboliza la capacidad de mando y la rivalidad entre "machos alfa" como Guillermo de Normandía y Harold Godwinson.
Sin embargo, existe una paradoja fundamental: mientras las mujeres son relegadas a roles secundarios o de "puntuación emocional", es muy probable que fueran monjas quienes bordaran cada detalle. En los bordes decorativos, estas creadoras parecen haber dejado mensajes subversivos, incluyendo escenas que algunos historiadores interpretan como un "Me Too medieval" contra el acoso sexual.
Incluso la versión victoriana de 1885, aunque eliminó la desnudez explícita, reivindicó la presencia femenina al incorporar un borde con los nombres de sus bordadoras. El Tapiz de Bayeux nos enseña que una narrativa centrada en el poder masculino puede depender enteramente del trabajo inteligente de las mujeres que intentó dejarlas fuera.
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